Béjar sigue perdiendo habitantes de forma continuada

Redacción i-bejar.com
Enero 04, 2017 - 19:06

El partido político Ciudadanos por Béjar y Comarca vincula la pérdida de un quinto de la población a las legislaturas con Alejo Riñones como alcalde. Béjar podría rozar la frontera de los 10.000 habitantes en una década.

Para CxByC, “Recién inaugurado el año, corresponde hacer balance de la situación económica, social y hasta anímica y emocional de la ciudad”. La primera referencia que hacen pública para su consideración son los datos del INE.

Según las cifras del INE, Béjar sigue perdiendo habitantes de manera continua. En los datos recién publicados (este dato corresponde al 1 de enero de 2016) Béjar arrojaba un censo de 13.403 habitantes, 321 menos que en 2015 y 3.259 menos que en 1996; ahora, un año después, es probable que la cifra apenas  supere los 13.000. A este ritmo, dentro de diez años,  “Béjar podría rozar la frontera de los 10.000 habitantes. Nuestra ciudad, por consiguiente, ha perdido la quinta parte de su población en los últimos 20 años, es curioso comprobar cómo este periodo de tiempo coincide con las cinco legislaturas de Alejo Riñones llevando el timón del barco”.

La rotundidad de estas cifras y su tendencia galopante a la baja, no dejan apenas un resquicio de esperanza. Sin embargo nuestro Donald Trump bejarano de Puebla de la Calzada tiene bien organizada la propaganda mediática y consigue que parezca que la cosa no va del todo mal, aunque en nuestras calles, llenas de casas vacías con las persianas bajadas, proliferan los establecimientos cerrados y los carteles de “se vende”. La realidad, que ponen de manifiesto esos síntomas, es que nuestra ciudad se muere, asistida en cuidados paliativos para mitigar los rigores del coma, como un enfermo terminal al que no se le curó cuando hubo oportunidad de hacerlo.

Hay, no obstante, dos excepciones. En los años 2007 y 2008 nuestra ciudad sumó habitantes, curiosamente también durante la única legislatura con gobierno socialista durante este periodo. Hay más coincidencias, durante esos años se produjeron las mayores inversiones privadas en La Covatilla (por parte de Gecobesa) y en otros proyectos afines como La Condesa, Piel de Toro o Valdepalacios, llegándose a invertir en Béjar más de 20 millones de euros, una inversión que se perdió por retrasos administrativos e inoperancia municipal, con la puntilla de la gran crisis financiera. Desde que, en 2014, esos proyectos, que nunca gozaron de subvención alguna, fracasaran definitivamente y el Ayuntamiento se hiciera cargo de la gestión de La Covatilla, el descenso de habitantes se ha acelerado, ¿se puede considerar una casualidad?

Tras décadas sin un modelo definido de desarrollo, ninguno de nuestros jóvenes se plantea echar raíces en su tierra. A pesar de ello aquí no se debate sobre proyectos ni se discute para encontrar la mejor alternativa, se hace lo que decide el Alcalde, que, al fin y al cabo, es prácticamente el único que te puede conseguir empleo, aunque sea en precario para unos meses (y luego le votas o no le votas, cada cual sabrá). Es curioso comprobar cómo mientras la ciudad se ha ido desinflando, su ayuntamiento ha crecido hasta convertirse en la mayor empresa, con diferencia. ¿Es esto normal?

El gran debate sobre el empleo y el emprendimiento sigue siendo la asignatura pendiente en Béjar, frente a esta carencia asistimos, con el aplauso de la oposición, al asentamiento del populismo de calderillo, matanza típica y día del bejarano ausente, aderezado con el reparto de peonadas. Está claro que este discurso populista de “Alejo-Trump” cala entre muchas mentes, incluso de sus antagonistas políticos, porque ha llegado a “vender” como éxitos personales, con ayuda de la prensa doméstica, lo que en realidad fueron fracasos colectivos de la ciudadanía bejarana. Es el caso del proyecto de La Condesa, manifestándose eufórico tras haberlo laminado, que va a reconvertir en rústico tras apuntarse un beneficio de tres millones de euros; lo que no dice es que, una vez reconvertido, tendrá que devolver lo recibido (el 10% de aprovechamiento más el 5% que vendió a dos sociedades). Pero él sigue contando con el ingreso irreal de tres millones para que le cuadren las cuentas ¿por qué no lo exigió antes de que se inscribiera el proyecto de reparcelación en 2007? Esta y otras preguntas, que podría plantear la oposición, quedan, de momento, sin respuesta. Padecemos de un gran déficit democrático y la oposición, con síndrome de Estocolmo, no ve las ballenas volar delante de sus ojos; todo lo toleran, todo lo justifican, sin plantear alternativas ni plantar cara al populismo, es más en ocasiones, muchas, llegan a ser palmeros de nuestro Trump.

Otro de los símbolos que aportaron cierta esperanza en nuestro futuro, La Covatilla, y que podría ayudar estacionalmente, se encuentra sometido a una explotación bajo mínimos, con la gestión personalista y directa del alcalde. Quizá sea él, el responsable de la deplorable comunicación que se ofrece, cercana a las películas de Berlanga, con cámaras que no funcionan,  ausencia de información actualizada, mensajes con faltas de ortografía y operarios que mueven nieve contaminada en carretilla, una imagen que no puede producir más que rechazo a los posibles visitantes ¿no hubiera sido mucho mejor aprovechar todas las horas que ha habido para fabricar nieve con los cañones? A pesar de lo evidente, Alejo sigue vendiendo su gestión como un éxito ¿Cuántos empleos y de qué calidad mantiene en la actualidad La Covatilla?, ¿15, 20, 48?; eran 108 con la anterior gestora. ¿Cuántos días de trabajo? ¿Cuántos profesionales han tomado las de Villadiego? Más preguntas sin respuesta.

Con este panorama, elucubrar sobre lo que nos pueda deparar 2017 sólo puede terminar conjeturando sobre el número de establecimientos que cerrarán durante el nuevo año. No es un balance pesimista, es lo que hay. De todas formas nunca es demasiado tarde para comenzar a reflexionar sobre lo que realmente puede contribuir a un mejor futuro para Béjar y la calidad de vida de nuestras familias, basado en la posibilidad de un trabajo digno y no en subvenciones o peonadas por el dedo benévolo de Alejo; en la igualdad de oportunidades, y la seguridad jurídica, cuya falta ha sido la causa de muchos proyectos fallidos, y, por supuesto en la igualdad ante la Ley, sin privilegios por tener uno u otro apellido. Es necesario, para ello, acabar con las causas de que Béjar lleve más de veinte años cayendo en picado, abordando un debate plural y abierto sobre nuestras carencias y recursos, para encarar un proyecto colectivo en el que quepan todas las opiniones y posibilidades y que, además, nos devuelva la ilusión. Hay que sustituir el populismo del que todo lo decide, todo lo mueve y todo lo controla, por el consenso y la colaboración entre todos los que puedan aportar sus conocimientos y experiencia en aras de un objetivo común. Si nada se mueve, nada cambiará, seguiremos la tendencia a la baja y Béjar perderá definitivamente la posibilidad de aprovechar la incipiente aunque débil recuperación que otras zonas del país empiezan a sentir.