Yo no me rindo nunca

Redacción i-bejar.com
Diciembre 10, 2007

Tal y como expusimos hace 15 días, la gran libertad, basada en el pacto social que nuestra Constitución de 1978, establece no ya únicamente la garantía de las libertades individuales, sino también en la eficacia del Estado como máximos garantes del bienes

La Voz de Salamanca (Daniel Molina) / Por todo lo anterior resulta de especial interés el artículo que leí en EL PAÍS del 25 de noviembre de 2007, “la izquierda sin crisis”, escrito por José María Ridao, en el que venía a argumentar que “resulta desconcertante comprobar cuántas conquistas de la igualdad ante la ley o de la protección pública de los más débiles han sido cuestionadas durante estos años, mientras la izquierda democrática se ensimismaba en fórmulas como no se sabe qué republicanismos o democracias deliberativas, no se sabe qué improbables Gobiernos mundiales de la globalización, convencida de que su supuesta crisis exigía no tanto defender un sistema que es en gran parte obra suya como consagrarse a imaginar sistemas sólo mejores sobre el papel, pero decididamente inconcretos y, por eso mismo, irrealizables.

Tiene mucha razón. Yo no creo que la izquierda socialdemócrata esté en crisis, lo que está en crisis es su discurso y su libertad de pensamiento cuando todo ello, comporta miedos y reservas a llamar a las cosas por su nombre para no caer en la marginalidad. La izquierda en pensamiento y praxis ha solapado su discurso en el tamiz del ultraindividualismo. Muy lejos en fin, de la solidaridad que por otra parte ya no es firme con la obra que ha logrado construir.

Y el primero que no es firme en defender la igualdad de resultados, es el actual Presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, que ya en 2003, siendo líder de la oposición, renunciaba de manera clara a ella, aproximando mediante la fórmula de socialismo de los ciudadanos un mensaje próximo al que los principales responsables del Partido Popular hoy sostienen, que no es otra cosa que la igualdad de oportunidades:

Dice Zapatero en el libro de Juan Antonio Garde: Políticas sociales y estado del bienestar en España, concretamente en el capítulo 3: Estado de bienestar y socialismo de los ciudadanos, en la página 61: “El proyecto de socialismo de los ciudadanos no es suficiente con un modelo social residual que mantenga una mínima red de seguridad para los desposeídos. Se necesita un Estado de bienestar que garantice igualdad de oportunidades, que es tanto como decir libertades individuales y ciudadanas efectivas”.

Evidentemente se trata de una afirmación que no es socialdemócrata. Y no lo es, fundamentalmente porque aunque el Estado del Bienestar puede ser considerado, (y así lo esbozamos en nuestro anterior texto), como la adaptación del Estado liberal a las condiciones sociales, económicas y políticas del siglo XX. El propio concepto, que como vimos está en la Constitución, incorpora los derechos, que no pueden ser más que sociales, como derechos que el Estado debe garantizar a los ciudadanos, junto a los derechos políticos clásicos del liberalismo y la democracia. No se trata de que se garantice la libertad ante la ley, o una libertad de optar en igualdad de, sino que se esos derechos no pueden ser planamente realizados si no se acompañan de los derechos sociales. Y esos derechos están regulados, y es una libertad progresista en cuanto a lo que supone de regulación, frente a la desregulación anterior.

Es incalculable el daño que la Tercera Vía está haciendo a la socialdemocracia en general y por extensión, al pacto social. Ciertamente la conformación de una gran clase social media, con cierto nivel cultural, que aboga por pagar pocos impuestos y tener las máximas prestaciones sociales, convierten en naftalina el mensaje clásico de los socialistas de posguerra, que basaban su estrategia en el mejoramiento de las clases inferiores, generalmente sin recursos económicos y de escasa formación. De éste modo surge en el seno de algunas socialdemocracias la 3ª vía, partidaria de superar viejas formas de hacer política, esto es, el modelo liberal-conservador y el socialdemócrata. Supone la europeidad de un producto que es americano, (muy cercano al programa demócrata). El objetivo es ir hacia una igualdad no de resultados sino de oportunidades, en realidad esto introduce la desigualdad final. El Estado guía pero no rema. Y recordemos que el Estado del Bienestar no es otra cosa que toda acción pública entregada a una multiplicidad de acciones que garanticen a cualquier ciudadano la igualdad en el transcurso de su vida.

La crisis, más crisis en la libertad de pensamiento que de expresión, se manifiesta en la escasa densidad de los pensamientos autónomos. Porque cuando la izquierda tenía que jugársela para salir de su marginación, es el pensamiento que englobaba la solidaridad colectiva, la que en el ejercicio libre de su imaginación exploró soluciones posibles. ¡Y vaya si las había! Hoy es el miedo a la solidaridad, la que impone un pensamiento pretendidamente social y marcadamente ultraindividual. Es el miedo al qué dirán, por mucho que de fachada se proclame contra el pensamiento único, el que arrastra voluntades, el que aísla el pensamiento, el que es capaz callar por los codos.

Volviendo a la política (si es que nos hemos salido alguna vez de ella) el daño como digo, es grande porque más allá de que el Estado del Bienestar esté en crisis, y por ello necesite reformas: hay que realizar políticas sostenibles, tener siempre presente la coyuntura socio-económica, moldear continuamente las políticas; es esencialmente el concepto y el sentido del pacto el que ha cambiado, y ese discurso lo ha ganado la derecha, esto es, el debe entre las oportunidades y el haber los resultados. El déficit conceptual de la socialdemocracia, es decir, su crisis, no es más que la renuncia clara y explícita a querer entender que la izquierda democrática , o es redistribución de la renta o no es nada.

Pero, ¿cómo podemos advertir qué política es de igualdad de oportunidades y cuál de igualdad de resultados? Pues miren ustedes, igualdad de oportunidades en la vida y en la política, va desde procurar los mismos mecanismos, instrumentos y metodologías para todos, hasta el impuesto de patrimonio. No voy a entrar en lo segundo, porque creo que con el primer asunto ustedes podrán advertir más claramente lo que trato de explicar. Por ejemplo: si el hijo de un profesor de la facultad de medicina quiere ser médico, lo va a tener siempre más fácil que yo, no necesariamente por enchufe, sino sencillamente porque su padre le proporcionará claves, instrumentos y metodologías. Información que yo no tendría. Sabrá moverse en la carrera, conocerá mejor a los profesores, sabrá moverse en el departamento, luego en el hospital… Y eso es una política que en España, tras los años del franquismo donde la corrupción era un fenómeno completamente normalizado entre las familias del régimen, se intentó erradicar. Así se intentó durante el primer Gobierno de Felipe González, y por las razones que sea, fracasó. También lo intentó la II República y todos sabemos el resultado final. En este aspecto, es en el que a mí, también, estimado resistente republicano, me importan las formas de Estado. Porque es el Estado y son las instituciones del Estado, las que deben garantizar las formas y salvaguardar la igualdad de resultados. Pero en fin, por exponer aquí situaciones más pedestres, en el anterior texto expuse dos ejemplos: la política de jubilaciones anticipadas y la ayuda por hijo (el llamado cheque bebé). Por resumir aquí analizaré el segundo caso. Igualdad de oportunidades, es una ayuda por cada nacimiento. El resultado es, además de una política populista (por cuanto que la visualización de la ayuda directa siempre genera psicológicamente un efecto de inmediatez), la pseudo cohesión social porque aquellos que tengan más medios, con esa ayuda, podrán llevar a su hijo a las mejores guarderías, podrán dedicar más tiempo a otras actividades y por tanto la aplicación de la misma no generará resultados iguales. La misma política en igualdad de resultados sería descontar la ayuda de manera proporcional sobre la renta que perciba esa familia, y la diferencia que se ahorra el Estado, dedicarla por ejemplo a proporcionar guarderías para las familias. El resultado de la desgravación fiscal proporcional al nivel de renta, supone una desigualdad de oportunidad en el inicio, pero supone la cohesión social como resultado.

Para el actual Gobierno del Partido Socialista, es tan grave ya la renuncia a la letra y al espíritu del pacto social, que el propio Sebastián, se atrevió a afirmar sin cortapisas en EL PAÍS del pasado 3 de noviembre de 2007 que deben ser “los asalariados de clase media los que soportan el principal peso del IRPF”. […] “Muchos de los que tienen yates y chalés de lujo no figuran entre los grandes contribuyentes del IRPF”. (Ni a partir de ahora en el impuesto de Patrimonio, si se me permite añadir), y esto es porque “no son los impuestos, sino el gasto social, lo que redistribuye la renta. De hecho, nuestro sistema fiscal no es progresivo. De ahí que sea incomprensible la oposición de sectores de izquierda al tipo único del IRPF”. Sin comentarios.

Recuperemos de nuevo las palabras de Ridao: “los conservadores, ocultan su nueva función de revisar un sistema que ha integrado como algo propio el principio de igualdad y la protección pública de los más débiles, y otros, los partidarios de la izquierda democrática, se niegan por inercia a asumir que su tarea inexcusable es defenderlo”. Nada más aproximado a la realidad en España. …” La crisis de la izquierda democrática no es más que la constatación tautológica de que, en efecto, la izquierda democrática no debería estar hoy al asalto político de ninguna fortaleza, sino defendiendo esa fortaleza del asalto político de los conservadores”. Es tanto una responsabilidad política, como un compromiso moral de la libertad de pensamiento. Es el mejor homenaje que puedo hacer a uno de los peridistas más libres que ha dado este país: Carlos Llamas. El ser, siguiendo a Lledó, siempre nos llevará al lenguaje. Y eso pasa quizás en nuestra actual sociedad por estar solo. “Por las autopistas de la libertad, nadie se atreve a conducir sin cadenas" (Sabina dixit). En este sentido "si yo pudiera unirme a un vuelo de palomas, y atravesando lomas, dejar mi pueblo atrás, os juro por lo que fui, que me iría de aquí. Pero los muertos están en cautiverio, y no nos dejan salir del cementerio". (Serrat dixit). Aún así, yo no me rindo nunca.

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