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“¿Por qué le quiero, si me pega?”



Redacción i-bejar.com
Abril 15, 2008

No hace faltar estar muy atento, ni buscar cual investigador audaz. Ni siquiera hace falta poner interés a los medios de comunicación, para saber que cada día son más los casos de muertes de mujeres a manos de sus parejas o ex-parejas. No hay prácticament

La Voz de Salamanca (Lucía Romero Diego) / No hace faltar estar muy atento, ni buscar cual investigador audaz. Ni siquiera hace falta poner interés a los medios de comunicación, para saber que cada día son más los casos de muertes de mujeres a manos de sus parejas o ex-parejas. No hay prácticamente un día, que enciendas el televisor y el telediario no te deleite, una vez más, con otro asesinato que se suma a la larga lista de víctimas de Violencia de Género.

Y desde el otro lado de la televisión, los espectadores de este dantesco espectáculo, los pasivos espectadores, se preguntan sentados en sus sofás, qué puede estar pasando en el mundo para que estas trágicas historias sean cada día más habituales. Pero preguntarse por el mundo, incluye preguntarse por uno mismo, y eso implica sentirse partícipe de tan horribles noticias. Por lo tanto, tras el siguiente bocado a su sabroso filete, el espectador cambia su pregunta rápidamente por un: “¿por qué esas mujeres agredidas siguen manteniendo tales relaciones abusivas? ¿por qué aguantan hasta morir?”. Lo que no sabe es que, este repentino pequeño cambio de opinión, supone una acusación. Supone culpar a las víctimas, intentando creer que él nunca aguantaría eso, porque es distinto. Supone, por tanto, pensar que quién continúa en tal situación, en el fondo se merece lo que tiene.

Sin embargo, son muchas las investigaciones que demuestran que es más probable que se vayan las mujeres agredidas que las mujeres que no se sienten felices en su matrimonio, pero que no son víctimas de agresión. Lo que ocurre es que, la lucha heroica que libran estas mujeres para recuperar su libertad, no es noticia. En los periódicos y los telediarios no se cuenta que muchas mujeres logran salir del infierno, superando enormes obstáculos y efectuando transformaciones psicológicas, que empiezan por abandonar el sueño de que sus maridos algún día cambiarán.

Y es que, no se trata únicamente de querer salir de tal situación. La gente ignora que hay muchos factores que impiden que estas mujeres se separen. Uno de ellos, que permanece como una constante en estas relaciones, es el miedo. Miedo absolutamente justificable, pues tienen la certeza de que, si se van, corren un riesgo aún mayor. Otro factor disuasorio, para muchas más importante que el miedo, es la dependencia económica. Muchos agresores, tras la separación, luchan denodadamente para no tener que compartir los bienes comunes, aún habiendo hijos por medio. Por otro lado, es necesario tener en cuenta que estas mujeres siguen amando a su agresor, siguen aferradas al sueño de un matrimonio feliz. Es más, en muchos casos, la fuerza del amor se ve extrañamente sostenida sobre una vinculación traumática que combina el amor y la violencia.

Es por todas estas razones, por las que, muchas veces, es un incidente el que colma el vaso, el que hace ver a esta mujer que su sueño no es más que una fantasía y tiene que salir de allí. Pasan, en ese momento, del temor y la tristeza al desprecio. Este tránsito combinado con la sensación de peligro, suele ser lo que necesitan para reunir fuerzas y escapar.

Habitualmente hay un tiempo desde que deciden irse hasta que se van. Para marcharse de casa hace falta mucho valor. Tienen que hacer muchos planes, y sobre todo, tienen que hacer un gran trabajo en su interior. Es importante, por tanto, estar capacitada para ello, pero no hay que infravalorar la gran ayuda de la validación externa, con independencia de dónde proceda.

Hay sin embargo, un factor más fuerte que las propias agresiones físicas, que hace más probable que abandonen la relación. Se trata del abuso emocional, entendiendo por éste “el uso de formas de agresión verbales y no verbales encaminadas a intimidar, someter y controlar”. Una de estas formas es a través del destrozo de propiedades o manteniendo conductas crueles con los animales domésticos. Otra sería, por ejemplo, los intentos desmesurados por aislar a la mujer, de modo que cuando ésta consigue liberarse, la sensación de claustrofobia y soledad se convierte en ganas de relacionarse. “El mundo externo se vuelve irresistible”. Otra de las horribles formas de abuso emocional, serían los insultos, humillaciones e intentos de degradación, que el agresor utiliza tanto en público como en privado. Por último, mano a mano con las agresiones, están la violación y la coacción sexual. Muchas mujeres todavía se sienten culpables si no acceden a mantener relaciones sexuales. El efecto acumulativo de esta práctica degradante, hacen que se sientan avergonzadas y decidan acabar con ello.

Existen además, otros indicadores de que las mujeres abandonarán a sus maridos. Entre ellos está la propia actitud del agresor. Junto a la dependencia emocional que muchos presentan, tienen una tendencia a culpar de la violencia a las mujeres, a ser hipersensible a sus palabras y a sus acciones, y a sentirse amenazado por conductas, que normalmente, nada tendrían de amenazadoras. Se ha probado que cuanto más violentas veían los hombres a sus mujeres, más probable era que éstas se separasen o divorciasen. Es más, la probabilidad aumentaba si éstas respondían a sus ataques. El hombre está alerta, y esta “alarma” oprime a la mujer, hasta tal punto que contribuye a que se vaya. Es como si el temor a ser abandonado, se convirtiera en una profecía auto-cumplida.

Otro indicador relacionado con el agresor es su conducta antisocial. Este factor contribuye a que las mujeres agredidas abandonen su sueño, puesto que su opinión ha cambiado hacia él: el hombre que antes les parecía carismático les empieza a parecer un perdedor.

Pese a todo, muchas mujeres cegadas por su sueño ideal, se sienten felizmente casadas a pesar de la violencia. Es por tanto un indicativo importante, el que la mujer se sienta insatisfecha con su matrimonio. De lo contrario, estas pobres mujeres seguirán intentando sobrevivir a las agresiones, por continuar en su aferrada lucha en busca de su sueño.

Pero ¿quiere decir esto, por tanto, que son las mujeres las que han de cambiar?

Volvemos al principio.

En mi opinión, podríamos empezar por ese mismo espectador que se preguntaba por qué las mujeres siguen manteniendo las relaciones abusivas, mientras observaba las noticias sentado en su sofá; se pregunte ahora, más bien: ¿por qué la sociedad sigue manteniendo esas relaciones abusivas de las que muchas mujeres son víctimas hoy en día?

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