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Naufragio de Avenida



Redacción i-bejar.com
Febrero 16, 2008

Avenida sucumbió ante un Club Baloncesto León muy superior, que jugó como quiso imponiéndose individual y colectivamente al conjunto charro. Pese a que la Copa estaba marcada por cumplirse todos los pronósticos y por la ausencia de sorpresas, no habrá rev

La Voz de Salamanca (Gorka Esparza, Virginia Pintado) / Avenida sucumbió ante un Club Baloncesto León muy superior, que jugó como quiso imponiéndose individual y colectivamente al conjunto charro. Pese a que la Copa estaba marcada por cumplirse todos los pronósticos y por la ausencia de sorpresas, no habrá revancha y Avenida no estará en la final, en la que Ros Casares parte como favorito ante un León que mañana tratará de realizar un encuentro tan brillante como el de hoy. Queda como consuelo saber que Avenida tiene la mejor y más fiel afición. Hinchada que en cierto modo, impedirá que nadie saque los colores a la Federación por su incapacidad de llenar las gradas del Pabellón de San Pablo. Aunque eso, está por ver.

Perfumerías Avenida 63 - Club Baloncesto San José 76

Perfumerías Avenida: Clara Bermejo, Isa Sánchez, Tracy Raid, Montañana y Matic -quintento inicial- Anke De Mondt, Blanca Marcos y Alessandra Santos.

San José León: Allison Feaster, Liron Cohen, Paula Seguí, Cindy Lima y Murriel Page- quinteto inicial- Luci Pascua, Maria Revuelto y Ana Gómez.

Incidencias: Partido correspondiente a la segunda semifinal de la Copa de la Reina. Disputado ante 2000 espectadores, mil de los cuáles vinieron desde Salamanca. Presenció el encuentro Evaristo Pérez, seleccionador nacional femenino.

Crónica

En los prolegómenos del encuentro, y con el pabellón vibrando gracias a una “marea azul” empeñada en convertir San Pablo en una cancha salmantina, Elena Tornikidu y Laura Camps comentaban a La Voz de Salamanca que “aunque en esta Copa no había sosrpresas, aún quedaba el partido entre Avenida y San José”. Desde el propio club se hacía saber que Avenida salía con mucha presión: jugar ante mil personas que han hecho quinientos kilómetros para animarte y saber que en parte los éxitos de la temporada pasan por jugar al menos la final de la Copa, podía hacer mella en el equipo.

Saltaron los dos equipos a la cancha con una camiseta de apoyo al Plan de Fomento de Lecutura y resulta que al final, el dichoso eslogan (“si tu lees, ellos leen”) cobró un protagonismo inesperado. Avenida no leyó el partido o hizo una lectura errónea que al fin y al cabo es lo mismo. El caso es que obviando la primera canasta con tiro adicional de Ivanka Matic, León se impuso con claridad de principio a final, imponiendo su juego, desquiciando a bases, aleros y pívots de Avenida, que aunque intentaron lo posible entendieron pronto la cruda realidad: “hoy no sale nada”.

Pidió José Ignacio Hernández un timepo muerto obligado (perdía Avenida 3-11) y la afición ansiaba despertar de la pesadilla. Pero nada más lejos de la realidad. En diez minutos de encuentro, Avenida sólo había anotado dos canastas y un tiro libre. San José administraba con oficio los quince puntos de ventaja que llegarían a ampliarse hasta 18 en el descanso.

Montañana, Bermejo y Reid lo intentaban por el interior y el exterior. Clara era superada constantemente. Silvia tuvo que entrar a aportar valentía en unos minutos críticos en los que todas parecían borrarse del encuentro, impotentes, impacientes, atónitas.

Los peores presagios se confirmaban en el descanso. Sí, Avenida iba a ser la protagonista de la semifinal, la única sorpresa en una edición en la que parecía imponerse un guión en el que el club charro tenía cuanto menos un mejor lugar designado que el que la realidad acabó deparando.

En la grada, las peñas se desgañitaban: “Ana, Ana, Ana Montañana… Isa, Isa, Isa… Aquí esta, la afición, del equipo campeón”. Pero en la cancha los peores síntomas se agravaban. Fue un espejismo, que en el mejor de los casos sirvió para demostrar la profesionalidad y el coraje de Avenida, y el tesón de la afición, el inicio del tercer cuarto, en el que José Ignacio apostó por tres jugadoras de altura (Montañana, Santos y Matic) y dos jugadoras con tiro exterior: Sánchez y De Mondt. La jugadora belga aprovechó sus pocas oportunidades y Alexandra pareció imponerse en la pintura. Pero no era el día de Avenida. Ni en lo colectivo, ni a nivel individual.

Cada canasta del equipo charro se tornaba en una heroicidad si se tiene en cuenta que León se hacía con todos y cada uno de los rebotes. Avenida cometía errores poco habituales y en momentos críticos. Cuando no era un pase de Isa Sánchez que se perdía por el lateral, era un rebote claro el que se escapaba de las manos de Alexandra. Bermejo fallaba debajo del aro canastas en las que nunca le ha temblado la mano. Reid dudaba ante tiros muy francos… y León encestaba. Cuando no era de dos era de tres.

Macabro destino. Si hace dos meses en León y sin la afición a Avenida le salía todo y era San José el que sucumbía, hoy eran Liron Cohen, Muriel Page o Cindy Lima quienes disfrutaban encestando y reboteando respectivamente.

Es Avenida un equipo con una plantilla de mucha calidad pero en la que sólo Bermejo y Marcos han disputado más de dos finales coperas, Y eso lo notó el equipo en los momentos decisivos. Bien sabe José Ignacio Hernández que la veteranía es un grado y seguro que en más de un momento se acordó de jugadoras de casta y oficio que no sucumben cuando vienen mal dadas.

En cualquier caso, Avenida mejoró en el tercer cuarto y luchó hasta el final en los últimos compases, aún sabiendo que ya no había ninguna posibilidad, y que aunque las distancias se llegaron a acortar hasta los nueve puntos, mañana no estaría en la soñada final.

Lloraba Isa Sánchez de rabia e impotencia por no haber podido brinda a sus aficiones, charra y sevillana, una victoria y haberse dado el gusto de disputar una final que se le resiste. Montañana se retiraba abatida. Jugadora ambiciosa ya está pensando en el siguiente partido, pero sabe que ésta era una “bandeja de plata” para hacerse con un título.

Bermejo se marcha cabizbaja, sabiendo que lo había intentado todo, pero que, como cualquier grande, tiene derecho a fallar.

Con franqueza, sólo se puede hablar de un equipo, León, que mandó, manejó el ritmo, y se ha colado en una final en la que puede dar la sorpresa venciendo a un Ros que no debe cometer el error de pensar que las finales se ganan sin bajarse del Autobús.

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