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El Movimiento Indígena: la paz y la palabra



Redacción i-bejar.com
Abril 19, 2008

Las últimas noticias, reportajes y crónicas las FARC han suscitado determinadas confusiones en la opinión pública que, gracias a la deformación profesional de algunos periodistas adictos al doble sentido, socava maliciosamente el prestigio del pacifista M

La Voz de Salamanca (Javier García Pedraz) / Las últimas noticias, reportajes y crónicas las FARC han suscitado determinadas confusiones en la opinión pública que, gracias a la deformación profesional de algunos periodistas adictos al doble sentido, socava maliciosamente el prestigio del pacifista Movimiento Indígena. Que las FARC son una organización belicista con un comportamiento claramente inhumano con la población es muy cierto, tan cierto como que su actividad no tiene nada que ver con los principios defendidos por el Movimiento Indígena.

La aparición del Movimiento Indígena sorprendió al mundo entero. El subcomandante Marcos apareció en el Estado de Chiapas como una pesadilla ya olvidada y poco menos que imposible; pero allí estaba, como si el Che Guevara hubiera resucitado para fastidiarle la fiesta al todopoderoso PRI y a los acuerdos mercantiles con los Estados Unidos y Canadá. Todo el mundo daba por hecho que la población indígena se resignaría a extinguirse de una forma silenciosa, y entonces nadie imaginaba que algo tan anacrónico como una guerrilla pudiera aparecer en México.

Pero con el tiempo se vio que no se trataba de un caso clásico de guerrilla castrista, sino que se trataba de un movimiento social inspirado por unas grandes ideales de progreso en paz.

Ante la Primera Declaración de la Selva Lacandona, de carácter pacifista, el ejército mexicano reaccionó con gran violencia. A Chiapas llegaron tanques, helicópteros y 12.000 hombres. Hubo matanzas de guerrilleros y campesinos. El Estado de Chiapas quedó militarizado y devastado. Los guerrilleros se escondieron. La población india huyó en masa a la selva. Apenas pudieron hacer frente a un despliegue tan enorme. Pero de vez en cuando actuaban en su defensa lo suficiente para mantener la atención de la comunidad internacional y para obligar a negociar al gobierno mexicano. Sin embargo, hubo muy pocos episodios violentos. El Ejercito Zapatista de Liberación Nacional planteó la negociación desde el primer momento.

Después de tres años de gran represión contra la población indígena, en 1997 la guerrilla zapatista y el gobierno dejaron definitivamente de dispararse. En adelante, sólo habría negociación.

Lo nuevo y original del movimiento zapatista se conoció al poco del tiempo. No era una guerrilla como Sendero Luminoso en Perú o las FARC de Colombia. Por ejemplo, en 1995 los zapatistas convocaron un referéndum en el territorio que dominaban para ver si abandonaban la lucha armada y las armas con el fin de convertirse en un movimiento estrictamente pacifista. Por raro que resulte, a pesar de la política represiva del Gobierno de México ganó la opción del pacifismo, y aunque el subcomandante Marcos estaba por mantener las armas, el movimiento adoptó la estrategia de la paz y la negociación.

Otro hecho pintoresco es que la negociación y la comunicación con el mundo se hacía por Internet, llevando a cada rincón del globo sus pretensiones y su mensaje. Mediante la palabra, usando la comunicación para la argumentación de ideas alejadas de tópicos y eslóganes, quedaba claro que el subcomandante Marcos no era el Che Guevara. Lejos de aquel lema carca del Ché que rezaba “hasta la victoria siempre”, los indígenas proponen buscar el entendimiento mediante la paz.

Esto se explica por el hecho de que, a diferencia de la guerrilla castrista clásica, el movimiento zapatista reivindica reformas políticas, económicas y culturales, y no reclama la conquista del poder para llevar a cabo un programa marxista leninista. Por ejemplo, en 1995 propone una negociación no con el gobierno ni con los partidos tradicionales, a los que no reconoce legitimidad por sus corruptelas, fraudes y abusos, sino con toda la sociedad civil de México.

El contenido de la reivindicación indígena es, en síntesis, doble:

 En primer lugar, la conservación del pueblo indígena: el derecho de mantener su lengua, costumbres, leyes, creencias, etc. El derecho a ser tratados como seres humanos, porque los terratenientes y burócratas de Chiapas los trataban como basura, con un racismo repugnante.

En segundo y último, inversiones en el Estado de Chiapas, muy pobre y atrasado, sobre todo en servicios públicos.

Es decir: no es un proyecto revolucionario tradicional y no proclama una alteración global del sistema político y económico; ni siquiera reclama la autonomía territorial y menos la independencia chiapenca de México; sino la conservación de un modo alternativo de existencia de acuerdo con un deseo político, muy moderno, de no ser engullidos por el sistema de vida y de creencias norteamericano; es decir, el movimiento zapatista encaja más en un sistema antiglobalización que en uno ya anacrónico y, además, derrotado. Y su método no es la guerra, sino la comunicación, la palabra. Su éxito no se mide en tantos muertos del otro bando por tantos del mío, sino por la resonancia internacional que ha alcanzado su mensaje y por el número de pueblos que se suman a esta lucha de la razón. Y ésta sí que es la gran diferencia con las guerrillas tradicionales de América. Por tanto, no es una guerrilla que antepone el fin a los medios, sino un movimiento humanista y social de gran modernidad.

Dándole una oportunidad a la palabra, el movimiento zapatista resultó ser un problema tan grande para Ernesto Zedillo, el presidente del PRI que sucedió a Salinas de Gortari, que lo desacreditó internacionalmente y lo puso contra las cuerdas desde el punto de vista del mantenimiento del PRI como partido único con capacidad de acceso al poder.

El debate que suscitó en la sociedad mejicana el movimiento zapatista erosionó tanto al PRI que acabó perdiendo las elecciones después de 70 años. Es verdad que el PRI iba a menos, sobre todo desde que, en 1985, Cuatemoc Cárdenas estuviera a punto de arrebatarle el poder. En efecto, el movimiento indígena permitió que aquel gobierno estuviese cada más desacreditado dentro de un México que evoluciona con rapidez, que tolera cada vez peor la corrupción y el caciquismo y que trata de acercarse y asimilarse en lo social y lo económico al coloso del Norte.

Pero, por otra parte, el movimiento zapatista pone de manifiesto la enorme variedad de situaciones sociales, económicas y culturales que hay en México. Un solo partido no puede manejar tanta variedad de cosas. En México se conservan más de 80 lenguas precolombinas. Hay muchos estilos de vida que coexisten sin integración. Algunos de estos estilos de vida se ven amenazados por la globalización, y es por eso por lo que ha surgido el movimiento zapatista.

El movimiento zapatista ha dado lugar a que en la política mejicana adquiera protagonismo la sociedad en detrimento de los partidos políticos tradicionales, que se han revelado incapaces de integrar, cohesionar y gobernar con justicia en tiempos de cambios acelerados que amenazan el estilo de vida de los indios. Porque sobre todo estos últimos son los más débiles en el proceso de globalización, los peor preparados porque han sido abandonados a su suerte desde el siglo XVI.

La tecnología moderna de producción agrícola y el capitalismo actual arrollarán el único estilo de vida que conocen y desintegrarán sus sociedades. Siempre que se ha producido un proceso de aculturación de las sociedad primitivas, debido a la disonancia cultural a que la civilización occidental les somete, se ha visto crecer el alcoholismo, la delincuencia, la mendicidad en las grandes ciudades, el chabolismo de las favelas, la desesperación, la miseria, etc. En el caso de Brasil se ha visto con claridad cómo a causa de la ante la expropiación de las tierras de los indígenas, éstos se han visto obligados a acudir a las favelas de las grandes ciudades a mendigar y a engrosar la cifra de marginalidad. Y los indios de México no quieren verse en tal estado.

Para ello necesitan conservar la tierra, que es su medio de vida; salir de la pobreza y la enfermedad con la ayuda de inversiones públicas que garanticen la educación y la sanidad en los términos que los propios indios decidan; y recibir el reconocimiento del derecho a su cultura y sus creencias con dignidad.

En lo esencial, esto es lo que el movimiento zapatista ha puesto de manifiesto, y no solo en México, sino en el mundo entero. El único estilo de vida decente no es el occidental, sino que los valores humanos se conservan, incluso mejor, en las sociedades tradicionales. Esta es la idea que ha adquirido relieve en el mundo gracias al movimiento zapatista y a su gran capacidad de comunicación.

Por ello, es absolutamente imprescindible discernir entre la defensa de un medio de vida legítimo, que consiste en salvaguardar un estilo de vida y una cultura que arraigan al ser humano, y las ambiciones de la guerrilla tradicional –llámense las FARC- . El Movimiento Indígena pide algo tan sencillo como vivir en su tierra, en su cultura, en sus raíces.

Los indios mayas (y otras 80 etnias indígenas) rechazan la mal denominada modernización que los despoja de la tierra y de su cultura, y que los deja en la miseria física y moral.

Han decidido defenderse con una guerrilla inusualmente pacifista y que maneja hábilmente los medios de comunicación. Si triunfan, es posible que México aporte al Primer Mundo una diversidad cultural y social casi única en el mundo, pero cuesta trabajo creer que el experimento funcione. El presidente Díaz de México (en los años 20) dijo de su país: “No es bueno estar tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”. Hoy el movimiento zapatista trata de mantener esta diversidad frente al avance arrollador de la globalización. El indio es débil en todo, no tiene capital ni armas, pero tiene su determinación.

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