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Libia acusa de traición a Bulgaria por el caso de las enfermeras



Redacción i-bejar.com
Julio 29, 2007

Libia ha presentado una queja a diversas instituciones por la liberación de las enfermeras y el médico acusados de infectar con el virus del SIDA a más de 400 niños en el hospital de Bengasi, que debían cumplir cadena perpetua en Bulgaria. Los liberados,

La Voz de Salamanca (Javier del Pino) / Libia criticó el sábado la puesta en libertad de las cinco enfermeras búlgaras y el médico palestino acusados de haber contagiado el virus VIH a más de 400 niños en un hospital de la ciudad de Bengasi. El gobierno de Trípoli, por boca de su ministro de asuntos exteriores libio, Abdel Rahman Shalgham, calificó de traición la medida de gracia decretada por el presidente búlgaro, Georgi Parvanov, a la llegada de los trabajadores sanitarios a Sofía el pasado 24 de Julio. Parvanov declaró estar “seguro de la inocencia” de las enfermeras y el médico palestino, recientemente nacionalizado búlgaro. Libia había llegado a un acuerdo con el país europeo por el que se conmutaba la pena de muerte por la purga de una cadena perpetua en Bulgaria.

El primer ministro libio ha presentado una queja formal ante la Unión Europea, Francia, y otras organizaciones internacionales, además de que podría solicitar a la Interpol la detención de los liberados para que sean trasladados de nuevo a Trípoli.

Los seis fueron detenidos en 1999 en Libia, y tras sucesivos juicios fueron condenados a muerte. Sin embargo, la Unión Europea llegó a un acuerdo para indemnizar a las familias de los niños afectados, por lo que se conmutó la pena de muerte.

El médico y las enfermeras denunciaron haber sufrido torturas durante los ocho años de cautiverio en el país africano, para obligarles a confesar su culpabilidad. Ahsraf Alhajuj, el médico palestino declaró que todo fue “un montaje de la corrupción”, para “salvar a los funcionarios y responsables del gobierno”. Alhajuj también criticó la situación de los países árabes, donde “no existen los derechos humanos, y nadie ha movido un dedo por mí”. “Todo se lo debo a Occidente, a la piedad cristiana, y a las ONG internacionales”, sentenció.

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