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El legado de Olof



Redacción i-bejar.com
Febrero 29, 2008

Homenaje a Olof Palme en el 22º aniversario de su muerte - Gerundio de Pensar

La Voz de Salamanca (Javier García Pedraz) / El día 28 de febrero de 1986, hace hoy 22 años, Olof Palme regresaba a casa en compañía de su esposa después de ver una película en un cine de Estocolmo. Iban caminando por la misma calle en la que Olof Palme, siendo joven, había repartido panfletos contra la Dictadura del general Franco. No llevaban escolta.

El asesinato del primer ministro sorprendió enormemente a la sociedad sueca. En Suecia no había violencia política de ninguna clase. En aquel entonces, las ciudades suecas eran un modelo de seguridad, limpieza y orden. No había mafias ni bandas peligrosas. Y menos aún, grupos terroristas propios que amenazasen su modélica paz social.

El estupor afectó tanto a los investigadores como a la gente. En realidad, no sabían por dónde empezar. Y siguieron tres pistas.

Dos de ellas eran políticas. La primera que se tuvo en cuenta fue la de un grupo neonazi sueco que tenía su sede en Alemania, pero rápidamente descartaron esta hipótesis.

La segunda pista los llevó a investigar entre los exiliados en Suecia del Partido de los Trabajadores Kurdos, de ideología nacionalista y comunista. Como es sabido, los kurdos mantenían en aquellos años una guerra de guerrillas con contra el gobierno de Turquía. Algunos de los dirigentes de la guerrilla vivían asilados en Suecia. Esta pista también se abandonó.

En ambos casos, las pistas políticas conducen a la actividad política de Olof Palme, es decir, a su amistad con enemigos declarados de Estados Unidos (Cuba, Nicaragua, Kurdistán, etc.), su solidaridad con el Tercer Mundo y su política de asilo a los refugiados de las dictaduras de Sudamérica.

El día 4 de diciembre de 1986, es decir, pocos meses después de que empezara la investigación, la comisión formada por doce inspectores sorprendió al mundo cuando dieron una rueda de prensa anunciando su dimisión porque tropezaban con dificultades insuperables para seguir investigando. Y fue entonces cuando apareció la tercera pista.

Los investigadores no dijeron nada en su rueda de prensa que pudiera afectar a los secretos de Estado con que habían dado. Pero lo más curioso es que la pista que detuvo la investigación era un asunto de carácter privado, porque era un asunto de faldas.

Después se supo que la femme resultó ser Helen Rothschild, miembro de la familia Rothschild, una célebre familia de banqueros ingleses.

Cuando Olof Palme fue asesinado un día de febrero de 1986, toda Suecia quedó conmocionada. El titular del periódico más leído decía: “Asesinato en el paraíso”.

En 1986, Suecia era el segundo país del mundo en renta per cápita y era el primero en calidad de vida. Era una sociedad tecnológicamente muy avanzada donde la vida material estaba garantizada gracias a un enorme desarrollo del estado del bienestar.

Además, Suecia contaba con un sistema social y político muy ordenado y estable. La corrupción era anecdótica. La fe de los ciudadanos en el sistema, muy alta. Los suecos eran (y son) un pueblo que se ha distinguido por su defensa de la libertad y de la solidaridad. Han tenido a gala ser los mejores defensores de los oprimidos. Olof Palme defendió con enorme vigor el modelo sueco de protección a los más débiles en el sistema económico de capitalismo mixto, como los minusválidos, los jóvenes, los ancianos. Los conservadores suecos lo acusaban de que ponía unos impuestos muy elevados y de que conservaba numerosas empresas públicas que habría que privatizar. Pero la política nacional sueca, en ningún caso, parece tener que ver con el final de su vida.

La clave: Olof Palme en el mundo

No hay que olvidar que en el contexto internacional durante estos años gobiernaban en Estados Unidos Ronald Reagan, y en Inglaterra Margaret Thacher, cuyas políticas eran de bajos impuestos –sobre todo para los más ricos– y privatización de cualquier servicio público, como transporte, educación y sanidad. En estos años, la combatividad de los partidos conservadores europeos y americanos era muy grande, y consiguen que los medios de comunicación difundan su ideario por todo el mundo con el nombre de “neoliberalismo”. De manera que, mientras que en buena parte del mundo se reduce y se liquidan el sector público y el estado del bienestar, en Suecia ocurre todo lo contrario: ambos se refuerzan gracias a la política social de Palme.

Pero donde más proyección tuvo este dirigente fue el plano internacional. Olof Palme dedicó mucha actividad política y económica a combatir dictaduras y a la defensa de los derechos humanos. En aquellos años promovía una política muy activa de asilo a refugiados políticos, sobre de Hispanoamérica cuando esta era víctima de dictaduras como las de Videla y Pinochet. También hacía muchos gestos de apoyo a los opositores a las dictaduras y promovía la defensa de los derechos humanos con mucho vigor y mucha valentía, sobre todo si se tiene en cuenta que las grandes potencias actuaban más bien en sentido contrario, apoyando a dictadores y rechazando a los refugiados.

Palme encabezó y lideró la oposición activa a la Guerra de Vietnam, a la que nunca dudó en calificar de “genocidio intolerable”. El Tercer Mundo lo tenía por un político quijotesco. Defendió en las instituciones internacionales a Vietnam, Cuba, Afganistán, la Nicaragua sandinista, Sudáfrica, siempre apelando a la necesaria fraternidad entre los diferentes pueblos del mundo.

Es sabido que, en el caso de España, fue un terrible enemigo del franquismo y que apoyó económicamente al PSOE y a otros partidos prodemocráticos que ejercían la política en la clandestinidad en los últimos años de la Dictadura.

Además, en política internacional fue un decidido defensor del pacifismo. Como político de un país neutral, que no pertenecía a la OTAN, fue un firme partidario del desarme de las grandes potencias y del fin de la política de bloques, de la cooperación entre todas las naciones, fueran comunistas o capitalistas.

Hizo valer en el plano internacional a los países pequeños, como Suecia. Logró que fuesen tenidos en cuenta estos pequeños países por su sentido práctico de la justicia –ya que no era un utópico, no pedía imposibles– y porque el modelo sueco de desarrollo económico y social fascinaba a muchos países pequeños del Tercer Mundo. Este modelo se presentaba como alternativa al comunismo y al capitalismo neoliberal en todo: en las libertades políticas, en la protección social y el pacifismo en las relaciones internacionales. Y todo esto, a base de pequeños progresos que, por su carácter sumativo, significan a la larga una gran transformación de la sociedad.

Consideraba que la seguridad mundial se basa en la paz y en el desarrollo cooperativo y generoso de todos los países, mediante la ayuda que los países ricos deberían prestar a los países pobres pensando que esta ayuda no sólo beneficia a los pobres, sino a los propios donantes de la ayuda.

Palme fue un político pionero de una nueva visión del planeta en su conjunto y de que no hay problema en un lugar del mundo que no afecte al resto. Y este será seguramente uno de sus mayores logros. Y quizá, también, su condena.

Agujeros negros

Ante un personaje político e histórico de este nivel, me pregunto: ¿cómo se explica que los investigadores se viesen obligados a abandonar sus pesquisas cuando estas pisaron suelo inglés? ¿Qué ocurría en la Inglaterra de Margaret Thatcher para que fuese imposible continuar con las investigaciones? ¿De dónde venían las presiones y por qué no se ha vuelto a hablar de un asunto de Estado de esta envergadura?

En mi opinión, esto significa que, con ser Suecia una democracia con un amplísimo repertorio de libertades, el grado de opacidad del gobierno es también elevado (y, de paso, el grado de independencia política para un país neutral). En este sentido, comparten con los demás países desarrollados y democráticos de Occidente una característica común a todos ellos, porque se sigue sin saber quién asesinó realmente a Kennedy; pero este hecho, que es muy esperable en Estados Unidos, donde muchos poderes son muy secretos, sorprende en Suecia, donde parecía que todo era transparente. De esto se deduce que, por mucho que los ciudadanos de las sociedades occidentales creamos en la libertad de información, una parte queda en sombra, en el secreto; y como la parte secreta por definición es invisible, no sabemos cuánta parte de la política (y la economía) es invisible y, por tanto, cuánta falta de democracia hay en realidad.

La democracia supone que todos los ciudadanos tienen acceso a toda la información para poder elegir libremente y para ejercer con conocimiento sus decisiones políticas. En la economía de libre mercado, también se da por supuesto que todos los agentes económicos tienen acceso a toda la información. Es más: es una condición intrínseca de los mercados. Pero se ve que ni en política ni en economía se da esta condición. El ciudadano puede creer, pues, que es objeto, por lo menos en cierto grado, de manipulación.

Lo más escandaloso del caso es, entonces, que haya sucedido algo así en el país que todo el mundo consideraba más libre y abierto del planeta. En resumen: el caso del asesinato de Olof Palme conmovió al mundo entero porque, al principio, se entendió como una mancha de violencia en un paraíso social y económico; pero después, cuando se anunció al mundo entero que no se podía saber la verdad, se entendió que hasta en las democracias más abiertas hay una zona de oscuridad, opacidad y secreto que limita la acción política de los ciudadanos. Y entonces, ¿cuánto de política negra hubo y hay en este asunto? ¿Cuántos agujeros tiene una democracia incapaz de poner en marcha mecanismos que esclarezcan el asesinato político del mayor líder de la socialdemocracia mundial del siglo XXI?

Conclusión

Estaba claro que para desarrollar la mercadotecnia propagandista de los imperios, basada en la dicotomía excluyente entre los bloques (americano y soviético), era imprescindible acabar con el modelo del diálogo, que ofrecía la posibilidad de gobernar en democracia para todos. Para todos, para el pobre y para el necesitado también, mediante un modelo de crecimiento económico impecable, sostenido por una economía mixta con un sector privado tan competitivo como para encabezar la revolución tecnológica e informática de los 80, y con un sector público lo suficientemente firme como para extinguir la pobreza, la marginalidad y la inseguridad ciudadana, a la vez que desarrollaba el sistema educativo, sanitario y de protección social de referencia en el mundo, incluso en nuestros días.

Palme le dio a entender al mundo entero que crecer para repartir y dialogar para entendernos no era una utopía, que era verdaderamente posible. Era tan posible que económicamente Suecia representaba el sistema más productivo y el modelo social con un mayor índice de bienestar según los organismos internacionales, renunciando a los abusos sociales del neoliberalismo capitalista y a la represión totalitaria del comunismo soviético, creando así un Estado donde todos tuviesen cabida, en una democracia plena y donde todos, indistintamente, merecían protección social.

En 1986, ante la política de transgresión entre bloques, Palme y su modelo de socialdemocracia eran la única respuesta: podíamos crecer para repartir la riqueza y vivir en libertad disfrutando de una paz social.

Entonces, ¿Palme murió por ser la alternativa real y modélica al modelo neoliberal capitalista que ponía en evidencia a otros gobiernos occidentales? ¿O fue su papel de líder mundial del pacifismo que ponía voz al sinsentido y a la crueldad de la Guerra de Vietnam, y la ineficacia e inutilidad de la Guerra fría, la que le llevó al hoyo? ¿Serán, quizá, ambos motivos?

Con Palme no sólo asesinaron el referente mundial de la socialdemocracia, sino que también acabaron (¿deliberadamente?) con la respuesta pacífica a la Guerra fría, con la solución autosuficiente a la confrontación bélica, la misma solución que nos hizo saber que somos, todos, ciudadanos de un mismo mundo. Mataron la voz de los sin voz que recordaba la entrañable cita del “No hay ellos ni nosotros. Sólo nosotros”.

Y, después de todo, todavía hay quien dice que una alianza entre civilizaciones que universaliza la paz como forma de entendimiento y progreso es una utopía.

Yo votaré a Palme el día 9.

Dedicado a quienes hoy cumplen 22 años sin voz.

A Olof, gracias. Sólo eso, gracias.

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