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Redacción i-bejar.com
Julio 02, 2008

Va a ser verdad. De la ilusión al júbilo hay sólo un paso. Este domingo todas las esperanzas estaban puestas en la victoria de España ante Alemania. Y la selección no defraudó. Bendita seas tú que eres culpable de mi afonía y mi resaca. A lo largo de los

La Voz de Salamanca (Alfonso Manjón) / Va a ser verdad. De la ilusión al júbilo hay sólo un paso. Este domingo todas las esperanzas estaban puestas en la victoria de España ante Alemania. Y la selección no defraudó. Bendita seas tú que eres culpable de mi afonía y mi resaca.

A lo largo de los años, la ausencia de títulos y la eliminación de la selección en las primeras fases de los más distintivos campeonatos, hicieron que al inicio de la Eurocopa nadie confiara en España como clara candidata a obtener el título. Los partidos previos a la competición europea disputados ante Perú y Estados Unidos nos dejaron un sabor de boca un tanto agrio. La defensa no mostraba la confianza que de ella ha de esperarse. Y la delantera no terminaba de seducir. Ni a los ojos más exigentes, ni a los más complacientes.

Pero, ¡qué cosas!. Tropecemos una y otra vez, el inicio de todo campeonato eleva las ilusiones del aficionado a su punto más álgido. Y esta vez las expectativas fraguadas no flaquearon. Las ilusiones puestas no han caído en saco roto.

Ante todo, yo quiero remarcar dos hechos que me parece que deben ser subrayados. En primer lugar, rebatir la voz de ese adagio de que siempre jugamos como nunca y perdemos como siempre. No demasiadas veces España ha jugado como en esta Eurocopa. O al menos no siempre su fútbol brilló por encima de la del resto de equipos participantes en el torneo. Es verdad, aunque haya excepciones. Recuerdo el Mundial de Corea. El fútbol desplegado por España fue ilusionante. Sencillamente sensacional. Pero perdimos como siempre ante un equipo anfitrión que no tuvo razones para cuestionar siquiera el arbitraje recibido de manos de un colegiado que salió del Mundial bien equipado. Para qué nos vamos a engañar. Pero no. Esta vez no. Esta vez la prensa europea elogia el fútbol de la selección nacional. Porque ha salido de la Eurocopa imbatido. Siendo el equipo más goleador y menos goleado. Siendo el equipo que mejor fútbol ha desplegado, y la escuadra que ha hecho del toque del balón un arte. España, no sólo se despide habiendo recibido la copa que tanto ha merecido, sino también otra serie de méritos como el trofeo pichichi del campeonato con Villa como máximo goleador.

El segundo aspecto a resaltar es cómo por fin la selección, que tanta controversia suscitó después de que el Sabio de Hortaleza hiciese pública la lista de convocados, ha aunado el pensamiento que de ella han tenido todos los aficionados españoles al fútbol. Es impresionante ver cómo la selección es capaz de conciliar el sentimiento de toda la ciudadanía en un fin y alegría común. Sean los aficionados de izquierdas o de derechas. Qué más da. En verdad, la dicha compartida se torna ejemplar. Porque llega a horizontes que otros campos de la vida nacional habrían de envidiar. La lástima, es que este tipo de acontecimientos se vean enturbiados por aquellos que alardean de España con banderas inconstitucionales que no vienen a cuento y dicen menos del aficionado de lo que ellos se piensan. Toda ideología, por aborrecible que les o nos pueda parecer a ciertos sectores, ha de ser necesariamente respetable. No quiero ser radical en mis ideas. Pero una cosa tengo clara. Y una cosa quisiera que les quedara clara a este tipo de personas. Que los símbolos que exhiben murieron hace mucho tiempo y no representan ni a España, ni al fútbol español, ni al sentimiento que nace de él. Sus gestos hacen fea la Plaza de Colón, la plaza de mi pueblo, y las páginas de la prensa extranjera. ¡Qué triste estampa!

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