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El futuro es una escala de grises



Redacción i-bejar.com
Septiembre 04, 2008

Buceando entre las aguas de buena parte del imaginario popular encontramos cómo muchas personas que ven al horizonte el fin de su vida laboral hacen una crítica a veces mordaz de cómo avanza la sociedad actual. Por una parte resulta evidente que no hayan

La Voz de Salamanca (Alfonso Manjón) / Buceando entre las aguas de buena parte del imaginario popular encontramos cómo muchas personas que ven al horizonte el fin de su vida laboral hacen una crítica a veces mordaz de cómo avanza la sociedad actual. Por una parte resulta evidente que no hayan querido tener tantos hijos como criaron sus padres porque han preferido mantener un cauce o hucha de ahorro para poder disfrutar más y mejor de los pequeños placeres que nos ofrece la vida. Por otro lado, se quejan de la progresiva inmigratización de la sociedad y atacan contra quienes “vienen a quitarnos el trabajo” y a cambiar los valores y las costumbres de nuestra armónica y monoétnica sociedad. Finalmente, reprenden contra los jóvenes en proceso de formación universitaria acusándolos de holgazanes improductivos que no se conforman con terminar la carrera -ignorando, por otra parte, que el mercado laboral está complicado y que si alguien tiene en el futuro que cargar el muerto seremos los jóvenes, y no ellos- y defendiendo hasta la muerte que no quieren seguir trabajando pasados los 65 porque el sistema se vuelva insostenible (¡qué ya bastante han trabajado ellos!, y en eso no les falta razón). Pues bien, qué podemos decir al respecto. Simplemente, que no se pueden pedir peras al olmo: o tienes hijos que produzcan, o aceptas la inmigración. Lo que no podemos hacer es vivir de lujos y de imposibles. Y aún así hay que tener en cuenta que en este proceso de crecimiento vertiginoso de la población mundial no podemos esperar que el modelo de desarrollo gravite en torno al aumento de la tasa de natalidad mundial.

En primer lugar hay que resaltar que, en su justa medida, la estructura profesional-laboral de una economía nacional ha de ver integrada en ella a la totalidad de formas de producción (teniendo así una estructura laboral y productiva polimórfica). No obstante, creo que la actual recesión económica por la que atravesamos ha demostrado sobre todo en nuestro país que esta crisis no es tanto una crisis de crecimiento de la productividad sino una crisis del modelo de crecimiento. Todos los expertos coinciden en señalar que la burbuja inmobiliaria que se preveía cercana ha estallado y que el modelo de crecimiento basado en el desarrollo constante y desorbitado de la construcción no es ya viable, así que como se apuntaba desde hace tiempo el modelo de crecimiento se ha de apoyar fundamentalmente en apostar y en construir una economía del conocimiento. E inexorablemente eso sólo se puede hacer a través de la profesionalización de nuestros jóvenes, quienes se han de formar en la Universidad -luego ya el problema de la formación que tenemos es otra cuestión que habría que replantearse seriamente, porque ¿debe efectivamente la Universidad orientar su educación al mercado de trabajo como lo plantea el Plan de Bolonia?, y lo más importante ¿a qué precio?-.

Y en segundo lugar, hay que decir que el progresivo envejecimiento de la población española tiene como primera y lógica consecuencia la reducción del número de trabajadores por jubilado. Es verdad. Ahora bien, ¿dónde estriba entonces la salida y la solución a este problema?. Fundamentalmente en dos factores -complementarios muchas de las veces-: Por un lado en la absorción de mano de obra extranjera que cubra los puestos vacantes que se irán abandonando paulatinamente -teniendo a la contratación en origen el medio de acción, que aunque Celestino Corbacho haya dicho ahora que se reducirá en 2009 irá aumentando con el paso del tiempo y el mejoramiento de las condiciones económicas en que se encuentre nuestro país-. Por otro lado la solución a este problema estriba -como viene ocurriendo desde hace ya bastantes años- en el aumento de la productividad por trabajador ocupado, lo cual se deriva naturalmente del progreso constante de los medios de producción. Por tanto tenemos que el aumento del número de trabajadores de origen extranjero en función de las necesidades económicas que tenga nuestro país y el aumento de la productividad por cada ocupado suplirá a priori las deficiencias que puedan derivarse del descenso de mano de obra actual. ¿Qué opinan algunos expertos sobre si este sistema no da el resultado que de él se espera? Que efectivamente nuestros mayores habrán de retrasar algo su edad de jubilación ya que, efectivamente, también se espera que su esperanza de vida aumente y que ello suponga mayores costes al sistema de la Seguridad Social (hay que recordar, en este sentido, que por el momento las medidas adoptadas por el gobierno español tienden a compensar económicamente el plus de años trabajados voluntariamente en personas que excedan la edad standard de jubilación). No obstante, estas personas, menos envejecidas que nuestros predecesores por el progreso de la ciencia y el mayor nivel de vida de que han disfrutado, serían muchas veces quienes asumieran aquellas labores domésticas que se derivan del cuidado de los niños y de la atención de familiares dependientes mientras las personas en edad laboral serían quienes se encargasen de llevar a cabo las labores de mayor productividad económica nacional, sosteniendo y haciendo viable el Estado de bienestar y la equidad social.

Con este artículo, pues, no quiero hacer una previsión ni acertada ni equívoca de nuestro futuro. Simplemente pretende abrir la mirada a ese horizonte no muy lejano y al que hemos de asomarnos para ir entendiendo y aceptando los cambios que se irán produciendo a nivel social y económico. El futuro no es en negro ni en blanco. Es una escala de grises.

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