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El discurso regionalista en la Salamanca de 1978



Redacción i-bejar.com
Octubre 05, 2008

Como todos estamos sabemos, vivimos, e incluso a veces sufrimos, la Transición Democrática Española celebra continuamente aniversarios. Un proceso tan plagado de hechos significativos es una fuente casi inagotable de informaciones que traer al día de hoy

La Voz de Salamanca (Miguel Ángel Sánchez Ontiyuelo) / Como todos estamos sabemos, vivimos, e incluso a veces sufrimos, la Transición Democrática Española celebra continuamente aniversarios. Un proceso tan plagado de hechos significativos es una fuente casi inagotable de informaciones que traer al día de hoy para refrescar nuestra percepción del cambio social a lo largo del tiempo. Sucesos tachados automáticamente de “históricos” como si todos no lo fueran. Y es que no todo son elecciones generales, legalización de partidos, tomas de posesión o aprobación de cartas magnas. Ahí están también hechos simbólicos, política y socialmente, que también cumplen años aunque no hayan emanado de las instituciones.

Eso es Villalar. La iniciativa popular personificada en las primeras organizaciones culturales regionalistas de la Castilla y León democrática. El símbolo que se extrapoló desde el siglo XVI al tiempo presente para intentar consolidar, o crear según dicen otros, una conciencia regional de por sí maltrecha (1). Un nuevo distintivo para la sociedad de estas tierras, en forma de acto político-cultural reivindicativo, con el que incorporarnos a la vorágine identitaria, regionalista o nacionalista, que se extendía por la España preconstitucional y preautonómica. Así nos situamos en abril de 1978, año de la movilización social en España por antonomasia. Pero como decimos, no nos vamos a ninguna gran ciudad ni parlamento, sino que nos quedamos en Salamanca.

Es en esta Salamanca, que tímidamente da sus primeros pasos democráticos, donde tiene su centro de operaciones el Instituto Regional de Castilla y León. Organización de claro carácter cultural, promovida por círculos intelectuales, que no se queda ajena a su entorno social y participa del debate político, generalmente desde una óptica pro-izquierdista. Y como su propio nombre indica, hace del regionalismo castellanoleonés su bandera. Es la entidad que organizó en solitario la primera concentración en Villalar en 1976, aquella que fue prohibida por el ministro Fraga Iribarne. Y colabora activamente en el Plenario de Partidos y Entidades Regionalistas que convoca en 1978.

Como siempre, para el Villalar de este año el Instituto insiste en sus postulados, firmados por su Presidente, el entonces Catedrático de Historia Medieval de la USAL, José Luis Martín Rodríguez. Su máxima es la necesaria nueva conciencia de la región como una más entre los diferentes pueblos del Estado, huyendo de la imagen identificativa de Castilla con España que tan poco progreso a traido a esta tierra. Insiste el IRCL en este principio pues siente una amenaza en el gobierno de Adolfo Suárez, donde están surgiendo opiniones en favor de la declaración de cuatro nacionalidades: Catalunya, Euskadi, Galicia y España. Inaceptable pues significa la negación de numerosas identidades más allá de retornar a la tradicional identificación Castilla-España (2).

Pero además el IRCL, que lidera desde siempre la causa regionalista, está empezando a ver peligros en la actitud de los partidos que “tienen más interés en que los demás no se apunten tanto alguno”, y en sus estructuras internas, pues si se guían por una sola delegación provincial mayoritaria (usualmente Valladolid), pueden hacer surgir “en nombre del regionalismo, un nuevo centralismo a favor de la única provincia medianamente industrializada”. Tal es la preclara visión que sobre la sociedad castellanoleonesa tiene esta organización, que incluso advierte a los que derivan hacia el victimismo. Afirma que con el tiempo pueden llegar al “antirregionalismo por su afán de cargar las tintas sobre abusos” (3). Aluden sin mencionar a la otra gran asociación regionalista, Alianza Regional de Castilla y León, uno de cuyos argumentos básicos es el agravio comparativo con los regímenes preautonómicos vasco y catalán.

Vemos pues como el IRCL mantiene en Salamanca una importante actividad reivindicativa y propagandística, que se traduce en apariciones en prensa casi a diario en las fechas previas al Día de la Comunidad. Busca la efervescencia del movimiento regionalista, crear inquietud y motivación por la sensibilidad castellanoleonesa. Los partidos de izquierda, PSOE, PCE y sus respectivas juventudes, se dejarán llevar por su movilización considerando que comparten la esencia combativa de este discurso desde la oposición política (4).

En cambio de la otra organización regionalista, ARCyL, no se detectan importantes movimientos en la ciudad, pese a que uno de sus activos es el diputado salmantino de UCD Jesús Esperabé de Arteaga. En general, la actitud de sus cuadros parece mantenerse en una órbita más oficialista y cercana al partido gobernante, preocupándose más por llamar a la serenidad en la fiesta, al seguimiento del programa oficial, contra los “enemigos de la democracia” que pueden pretender reventarla. Ese es el lenguaje que utilizará UCD en su comunicado regional (5) , y que reproducirá el senador salmantino Francisco Vicente en su discurso en la Campa el día 23, dado su cargo de Presidente de la Asamblea de Parlamentarios. Las únicas alusiones de índole ideológica insistirán en el victimismo por la marginación y el padecimiento de centralismo, las mimbres temáticas de ARCyL (6).

No por esto debemos pensar que los sectores conservadores salmantinos se mantienen ajenos y expectantes al fenómeno regionalista. Todo lo contrario. El contrapunto ideológico del IRCL lo ponen las Nuevas Generaciones de Alianza Popular. Mantienen una actitud escéptica no sólo ante el regionalismo castellanoleonés, sino también ante la propia teoría autonómica, cuyo concepto consideran ambiguo. Lo interpretan como “la facutad de darse la norma de sí mismo” conduciendo a “lo que llaman autodeterminación y a la independencia de las regiones bajo las formas de un estado federado y radicalizado”, haciendo peligrar la unidad del país. A esta postura reticente, por otra parte tradicional en AP, añaden la consideración de indefinición y provisionalidad hacia el proyecto castellanoleonés. Llegan a defender la descentralización administrativa pero con límites cercanos, pues ven un riesgo evidente de desintegración del país (7). No obstante, con este discurso AP y sus juventudes acudirán a Villalar, donde sufrirán el incidente más violento de los Villalares de la Transición, que por otra parte condicionará la interpretación social de la propia fiesta y su participación en años venideros.

Muchos otros grupos minoritarios, marginales políticamente, tendrán también cabida en el debate regionalista promovido por el Villalar ‘78. Destaca en Salamanca la configuración de un plenario de juventudes políticas de izquierda y la actividad de la Liga Comunista Revolucionaria, ejemplo de lo que el Día de la Comunidad significaba para pequeñas organizaciones de izquierda (8). Utilizando la coyuntura como foro para darse a conocer, para sacar a la palestra sus ideas y su dialéctica, rechazan la preautonomía como “un intento por parte de la burguesía, y de su Gobierno, de adelantarse al movimiento regionalista” y piden una asamblea regional electa por sufragio universal para redacta el Estatuto (9).

La mayoría de los comunicados tienen en El Adelanto su órgano de expansión, pues da cabida a todas las sensibilidades. Por otro lado, la línea editorial de La Gaceta se centra más en comunicados y crónicas institucionales. Aunque eso no va a evitar en sus páginas un debate del periodista Ariel con el omnipresente IRCL a costa del otro símbolo de la incipiente región: la bandera. Vemos como aprovechando la convocatoria de Villalar, lugar de exacerbación de las enseñas regionales, está presente la confrontación sobre el color del histórico pendón castellano, entre el morado y el rojo, jugando ambas partes a la identificación irónica con la ideología de izquierda o el republicanismo (10). Es este un ejemplo de la actualidad del debate regionalista en la sociedad, más aún si añadimos otras cartas al director enviadas por lectores; una denunciando “la pobreza y abandono [de la región] no sólo económico sino también cultural y moral”, otra enlazando la importancia del régimen autonómico en consonancia con el constitucional, y por último otra advirtiendo que “la autonomía no es una moda”, sólo es temporal su institucionalización ya que el sentimiento y su reconocimiento son atemporales (11).

Con todos los datos reseñados llegamos a la conclusión de que el sentir regionalista de los salmantinos, lejos de ser tema de capital relevancia, no estaba tan estancado como podría parecer. Las páginas de sus periódicos son el reflejo de la actividad política de sus organizaciones, y a la vez contribuyen a extender la movilización. Además debemos destacar la singularidad que representa el caso salmantino en el contexto regional, dado que la ciudad se constituyó en el centro de operaciones de una de las dos grandes organizaciones regionalistas de la futura Castilla y León. Quizás por su preeminencia, nunca se entra en el sempiterno debate territorial que podría detectarse en León, Burgos o Segovia. En la Salamanca de abril de 1978 no hemos podido detectar ninguna organización con capacidad mediática suficiente para discutir el referente castellanoleonés. Se debate, eso sí, en torno a la escasa concienciación, el fomento de un sentimiento en una u otra dirección, el daño del centralismo, el victimismo histórico… y en última instancia se aprovecha para opinar acerca del proceso autonómico a seguir. El discurso regionalista que rodea al Villalar ’78 tiene su epicentro en la necesidad de una conciencia, sentimiento e identificación con una región aún indefinida, como único medio para su legitimación y eficiente funcionamiento en años venideros. Tal como señalaba el IRCL, se busca resolver los problemas castellanoleoneses desde quienes los sufren. Entonces, ¿de que iba a servir una Administración si sus administrados no acaban de sentirse dentro de ella?

(1) No es objeto de este artículo disertar acerca del significado simbólico de Villalar para el regionalismo, sino utilizarlo como excusa para el análisis del discurso regionalista, por lo que no nos detendremos en tan polémico asunto.

(2) Comunicado del IRCL publicado en El Adelanto de Salamanca el 19/04/1978, p. 2.

(3) Comunicado del IRCL publicado en El Adelanto de Salamanca el 20/04/1978, p. 2.

(4) No obstante hay militantes de ambos partidos involucrados en el IRCL, cuyo ejemplo más conocido quizás sea José Castro Rabadán, senador socialista hasta 2007, entonces en las filas del PCE.

(5) Comunicado de UCD publicado en La Gaceta Regional el 20/04/1978, p. 2.

(6) Llamamiento del Presidente de la Asamblea de Parlamentarios: El Adelanto de Salamanca, 22/04/1978, p.2 y La Gaceta Regional, 22/04/1978, portada y p. 13, y 23/04/1978, pp. 16-17.

(7) Comunicados de NNGG de AP de Salamanca sobre la Autonomía. El Adelanto, 20/04/1978, p. 2 y 21/04/1978, p. 6, y La Gaceta 20/04/1978, p. 2 y 21/04/1978, p. 4.

(8) Redactarán un llamamiento conjunto movilizando a los jóvenes para buscar solución al retraso económico, emigración, etc. que pueden y van a alterar su futuro. Los firmantes son Unión de Juventudes Maoístas, Juventudes Comunistas de los Trabajadores, Juventudes Revolucionarias de Castilla y León, Unión de Juventudes Comunistas de España y Juventudes Socialistas de España.

(9) El Adelanto de Salamanca, 21/04/1978, p. 6. Días más tarde la LCR continuará su exposición programática en torno a la marginación de la mujer en el mundo rural de la región (25/04/1978, p. 6).

(10) Se puede seguir en La Gaceta Regional de los días 17, 18 y 22, mostrándose el recelo que en este periódico levantaba la actividad del IRCL.

(11) Cartas enviadas y firmadas por particulares en: El Adelanto 20/04/1978, p. 2, 22/04/1978, p.6, y La Gaceta 20/04/1978, p. 2.

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