Vuelta a España 2006: Una Vuelta diferente

Redacción i-bejar.com
Agosto 20, 2006

La Vuelta 2006 tiene muchas cosas en común con sus predecesoras, aunque será distinta a todas ellas. Analogías, si se quieren buscar con otras ediciones, siempre se podrán encontrar. Por ejemplo, se vuelve a salir de Andalucía, como en la edición de 2005. Y se vuelve a salir de Málaga, como en 2000. Y se rinde viaje en Madrid, como se viene haciendo ininterrumpidamente desde 1994. Son 61 ediciones dándole la vuelta a la piel de toro y prácticamente todos los caminos han sido regados ya con el sudor de los ciclistas. Aunque siempre quedan poblaciones por visitar, puertos por descubrir, nuevos paisajes que sirvan de telón de fondo al gran espectáculo del ciclismo.


Esta edición, por no ser menos que otras anteriores, presenta cinco salidas de etapa inéditas: A Fonsagrada, Aranda de Duero, Motilla del Palancar, Adra y Rivas Vaciamadrid. Y tendrá también dos finales inéditos, enclavados en el Alto de la Cobertoria y en el Museo de Altamira, en la inigualable Santillana del Mar.


El kilometraje es similar al de las últimas ediciones, sobrepasando ligeramente los tres mil kilómetros. Unipublic sigue fiel a su ideario reduccionista en el kilometraje de las etapas para ofrecer una competición más briosa, menos tediosa, más alegre. También todos los días tienen 24 horas y cada uno nos parece distinto al anterior. Al igual que la intensidad de una vida no depende de los años cumplidos sino de cómo se hayan vivido, la intensidad de una competición ciclista no la da un mayor kilometraje sino una mayor intensidad competitiva. Y la Vuelta 2006 ofrece en ese sentido un trazado prometedor de una intensa competencia ciclista. Sólo dos etapas superan ligeramente los 200 kilómetros y hasta doce están por debajo de los 170.


Este año, para desprecintar la carrera se recupera la contrarreloj por equipos. Pero además en distancia corta: sólo 7,2 Kms. Una prueba sumamente técnica en la que el entendimiento entre los componentes de los equipos y el equilibrio de sus fuerzas será determinante para establecer el nombre del primer líder de la carrera.


Algo realmente novedoso es el “come back” de la carrera a la comunidad andaluza. La Vuelta, que disputará sus tres primeras etapas en la Andalucía occidental (Málaga y Córdoba), regresará la última semana a la parte oriental (Almería, Granada y Jaén), para disputar etapas decisivas de esta edición. Es algo que nunca se había producido en la historia de la Vuelta.


Extremadura hace de nexo de unión entre Andalucía y Castilla-León, donde se sitúan las primeras dificultades orográficas serias de la carrera. La primera de ella en la quinta etapa, con final en la Estación de Esquí La Covatilla, en la sierra de Béjar. Dos días después espera otro final en alto: El Morredero ponferradino, que será final de etapa por vez primera en la Vuelta.


Otra novedad es el regreso a Galicia. Hacía 11 años, desde 1995, que no se llegaba a las queridas tierras gallegas. Instalados en la cornisa cantábrica, la novena jornada ofrece la tercera etapa con final en un alto de montaña en el asturiano Alto de La Cobertoria, tras la cual se disfrutará el primer día de descanso de la carrera.


Entre Asturias y Cantabria se vuelve a recobrar el pulso de la competición, con una etapa de exigente orografía (la undécima), entre Torrelavega y Burgos. De Castilla-León se pasa a tierras de Castilla-La Mancha para buscar en la encantadora Cuenca la primera contrarreloj individual de la Vuelta: 33 Kms. de terreno quebrado Tras el esfuerzo exigente de la crono, un viaje a la costa valenciana para que los velocistas se luzcan en la Factoría Ford de Almussafes y los hombres fuertes de la carrera repongan fuerzas en la segunda jornada de descanso, que la caravana aprovechará para cubrir el desplazamiento hasta Almería.


La segunda tanda andaluza encadena tres etapas de montaña de cierta envergadura, con los dos últimos finales en alto: Calar Alto y La Pandera. Será la última oportunidad para los escaladores, porque ya sólo restará una etapa hasta Ciudad Real para tomar el AVE que ha de llevar a los ciclistas a Madrid, para disputar en Rivas Vaciamadrid la que podría ser decisiva contrarreloj de 28 kms. en terreno llano. Ahí, en buena lógica, habrá acabado la carrera, aunque quedará para el domingo 17 de septiembre el clásico “paseo de honor”, que suele ser un paseo amistoso hasta que la carrera entre en el circuito de La Castellana y los sprinters busquen el honor de cerrar la cuenta frente a La Cibeles. Si algún aventurero valiente y con fuerzas no logra sorprenderles.


Este es el papel sobre el que los guionistas, que no son otros que los ciclistas, deberán escribir a partir del sábado 26 de agosto la historia de una edición que sin duda será distinta a todas las demás. Y como todas ellas, irrepetible.