San Martín del Castañar: Eloy Cruz, el guardián del arte sacro



Redacción i-bejar.com
Noviembre 01, 2004

La mezcla de estilos arquitectónicos y artísticos es la característica esencial por la que el templo de San Martín del Castañar se convierte en uno de los más bellos de la Sierra de Francia. La vida del templo, al menos la de las últimas décadas, no se concibe sin la presencia, entre sus tres naves, de Eloy Cruz, sacristán para el pueblo y organista para los fieles.


Cruz habla con emoción cuando describe la iglesia en la que asegura haber estado, casi a diario, desde que contaba con 8 años --en la actualidad tiene 84--. Habla con pasión de los 118 metros cuadrados de madera que conforman el artesonado mudéjar de la nave central y de los 35 metros cuadrados de otro artesonado, más rico aún y mudéjar, que por lo intrincado de sus policromías recuerda al barroco. El mismo barroco que Cruz, el guardián del templo y de su arte, asegura que forma el recargado retablo de una de las naves laterales de la iglesia.



Estilos


El mudéjar y barroco no son los únicos estilos que se encuentran en la parroquia. Gótico es el de una de las cúpulas que preside una nave. Renacentista es el retablo de la nave central y románico el de la pila bautismal, eso sin contar algunos elementos pétreos construidos por los romanos y que, hallados en San Martín, soportan en la actualidad custodias de ostias. Eloy es también el guardián de las muchas y veneradas tallas que se encuentran en la iglesia, algunas de ellas procedentes, desde la desamortización de Mendizábal, del convento de Gracia, una joya arquitectónica que hoy se encuentra devorada por la maleza y la desidia institucional. Entre estos tesoros se encuentra la talla de San Francisco de Asís, ayer venerada por los monjes Franciscanos del convento y hoy en el retablo central de la iglesia.


Otras tallas proceden, según cuenta Cruz, de la ermita y el temor al expolio de esta- Además, algunas datan del siglo XIII.



Vacante


El sacristán y organista, que rechazó una vacante en los Jerónimos, en Madrid, por su querido San Martín, también rememora la limpieza que se hizo de las paredes del templo, encaladas hasta el techo para evitar epidemias. Entre 1981 y 1982 los vecinos se dedicaron, "sin cobrar un duro" a limpiar el templo hasta que pudo "verse la cara" a todas y cada una de las piedras de la edificación. Un templo que en la actualidad has sido iluminado con 12.000 euros (2 millones de pesetas) de pura suscripción popular.