Las urgencias de tarde y fines de semana carecen de recursos humanos adecuados, mientras los espacios para descanso de médicos y enfermeros superan los 40 años sin reformas y muestran graves deficiencias.
La atención primaria en Béjar atraviesa una situación crítica. Las urgencias de la tarde —a partir de las 15:00— y las 24 horas durante los fines de semana se enfrentan no solo a la escasez de profesionales, sino también a unas condiciones físicas deplorables en las salas de descanso de médicos/as y enfermeros/as.
Estos espacios, con más de cuatro décadas de antigüedad, llevan décadas sin remodelar. Las malas condiciones evidencian el abandono mantenido por las administraciones provinciales y regionales, que permiten el deterioro visible del entorno sanitario.
Más allá del edificio: un sistema bajo presión
A esta situación se suma la falta permanente de personal, agravada por lo que muchos califican como “amortización encubierta” de puestos médicos. Se critican especialmente:
- La no sustitución de vacaciones, bajas o descansos.
- La agrupación de localidades en la comarca que obliga a médicos a cubrir amplias zonas, incumpliendo a veces ratios mínimas de atención.
- La presión añadida sobre el servicio de urgencias del hospital de Béjar, que ya carga con una demanda excesiva.
Estas carencias estructurales, junto al deterioro de las infraestructuras, empujan al límite a quienes sostienen el sistema sanitario local.
Llamamiento al compromiso institucional
Desde colectivos profesionales y usuarios se exige una respuesta urgente. Las reivindicaciones principales pasan por:
- Renovación y mantenimiento de las zonas de descanso y oficinas médicas, con estándares que garanticen higiene, dignidad y funcionalidad.
- Dotación estable de personal, con convocatoria de plazas suficientes para cubrir vacaciones, bajas y descansos.
- Revisión de la organización territorial sanitaria, para que las ratios de atención en municipios agrupados se ajusten a criterios viables y de justicia.
- Supervisión y compromiso institucional, para que las administraciones competentes asuman su responsabilidad en la degradación de la atención primaria.
Quienes ejercen a diario la atención sanitaria primaria sostienen que estas condiciones no solo afectan su bienestar, sino que repercuten directamente en la calidad del servicio que los vecinos y vecinas reciben.
