Alicia Micaelo: «Mi sueño es poder vivir parte de mi futuro en Béjar»

Alicia Micaelo vuelve a Béjar con «21 GRAMOS», su primera exposición individual. La artista bejarana presenta en El Bodegón una mirada a sus raíces, la memoria familiar y la experiencia de marcharse.

Alicia Micaelo junto a algunas de las obras de la exposición 21 gramos
Alicia Micaelo junto a algunas de las obras de la exposición 21 gramos
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Alicia Micaelo, artista bejarana y estudiante de Bellas Artes en la Universidad de Sevilla, presentará su primera exposición individual, «21 GRAMOS», en el Espacio de Arte El Bodegón de Béjar. La muestra podrá visitarse del 31 de octubre al 8 de noviembre, con inauguración el sábado 31 a las 18:30 horas.

El proyecto parte de la conocida creencia que asocia los 21 gramos que supuestamente pierde una persona al morir con el peso del alma. Sobre esa idea simbólica, Micaelo construye un recorrido por su historia y la de su ciudad: los recuerdos familiares, la infancia, las tradiciones, el patrimonio y la pérdida, atravesados por la experiencia de haber tenido que marcharse.

Pintura, fotografía, grabado, dibujo y acuarela conviven en una propuesta que mira Béjar desde la nostalgia y desde las preguntas de una joven que desea mantener el vínculo con su tierra.

En esta entrevista, la autora explica cómo surgió la exposición y qué significa presentar por primera vez en casa un trabajo nacido, en buena medida, de la distancia.

La infancia y una vocación que creció en casa

¿Qué recuerdos de tu infancia aparecen con más fuerza cuando piensas en Béjar? ¿Hay lugares, personas, costumbres o imágenes de aquellos años que sigan presentes en tu manera de mirar y de crear?

La etapa que más recuerdo (concretamente siempre que pienso en Béjar) es mi infancia, la época del colegio. Yo estudié infantil y primaria en el CEIP Marqués de Valero, de donde me llevé amistades que duran hasta día de hoy y recuerdos que han calado en mi alma. Recuerdo con detalle cada aula, el patio, el pabellón, la ropa que usaba por aquel entonces, el parque, los juguetes… Es una etapa que vive de manera muy nítida en mi memoria.

¿Qué papel han tenido tu familia y la memoria familiar en tu relación con el arte? ¿La pintura o la creación artística estaban ya presentes en casa o es una vocación que fuiste descubriendo por tu cuenta?

Para las personas que conocen a mi familia, no es una sorpresa que la niña haya salido artista. El apellido Micaelo es garantía de que ahí algo hay. Mi bisabuelo Enrique era músico y su instrumento era la trompeta aunque sabía manejar tantos otros; su hijo, Enrique también (mi abuelo), probó muchos instrumentos, pero terminó siendo el hombre del saxofón, y su hijo Enrique (mi padre), pasó profesionalmente por las teclas y la guitarra hasta que en 2011 los cambió por la cámara para convertirse en fotógrafo. Como no salí niño pues no me llamo Enrique Micaelo IV, pero lo que sí que es verdad es que he crecido rodeada de arte. Me he criado entre cables, instrumentos, altavoces, discos… Mi familia me cuenta que mi bisabuelo, a quien no llegué a conocer, hacía juguetes tallados en madera para mi padre y mi tía, y que quizá lo de manitas me viene por ese lado. Pero yo creo que también me viene de mi abuela paterna, Carmen, que siempre ha sido una estupenda peluquera, lleva toda la vida haciendo manualidades de todo tipo, confeccionando ropa y tiene un enorme talento para cocinar.

¿Recuerdas cuándo empezaste a dibujar, pintar o interesarte de una forma más consciente por el arte? ¿Hubo algún momento en el que pensaste que aquello podía convertirse en algo más que una afición?

Honestamente no recuerdo etapa de mi vida en la que garabatear sobre un papel no haya sido mi manera de habitar el mundo. Hace tiempo, un miembro de mi familia me dijo que yo ya pintaba antes de saber hablar en condiciones, y mira que ya arranqué la guardería con 2 años hablando un perfecto castellano. Todo lo que tenía y tengo de charlatana desaparecía cuando me daban un papel y un estuche con colores. Otros niños solo se calman con los dibujos animados, pero a mí era más fácil tenerme tranquilita de pequeña si había un boli y un papel cerca.

En 2022 comencé el bachillerato de artes plásticas en el IES Puerta de la Serena, en Villanueva de la Serena, a donde nos mudamos debido al trabajo de mi madre y mi necesidad de cursar este bachillerato para poder entrar a la carrera que llevaba queriendo hacer toda la vida: Bellas Artes. Nunca hubo plan B en mi cabeza, aunque los demás quisieran que lo hubiera.

Marcharse para mirar Béjar desde otro lugar

¿Cómo viviste esa salida de Béjar?

Aunque la mayoría de las personas suelen marcharse a los 18, al entrar en la universidad, yo me adelanté.

En un primer momento, salir de Béjar se sintió como si Dios hubiera escuchado mis plegarias. Mi adolescencia no fue en absoluto fácil viviendo en un lugar como este. Siempre sentí que no encajaba del todo con el resto de personas de mi edad allí, ni siquiera con mis propios amigos. No tenía en absoluto los mismos intereses, vestía diferente, tenía objetivos distintos… Durante esa época, sentía que yo no pintaba nada en Béjar.

Llegó el momento de marcharse a Villanueva y me pasó igual que con los cuadros. Cuando das un par de pasos y te alejas, ves dónde está aquello que no te convence, descubres cómo solucionarlo y ves las cosas con perspectiva. Y exactamente eso fue lo que me pasó. A más tiempo llevaba fuera, más cambiaba mi manera de ver Béjar. Fue en este momento en el que germinó la idea de hacer una exposición hablando de lo que sentía. No sabía cómo ni cuándo pero sabía que tenía que hacerlo.

¿Qué has encontrado en Sevilla y en la Facultad de Bellas Artes que haya cambiado o ampliado tu manera de trabajar y de entender el arte?

A mí, la facultad de Bellas Artes de Sevilla me ha dado y está dándome sobre todo una formación académica que me ha permitido experimentar con distintas técnicas, aprender la naturaleza de diversos materiales, conocer a fondo la anatomía del cuerpo humano, el peso y el movimiento, saber cómo articular mi lenguaje plástico y un largo etc. de habilidades que he adquirido y sigo explorando.

Bellas Artes también me ha dado la oportunidad de conocer a otras personas que viven como yo la nostalgia, con las que he podido tener largas conversaciones sobre cómo nos relacionamos con nuestro pasado, con el duelo, con el trauma y con nuestras niñas interiores. El poder ver cómo otras personas plasman sus recuerdos sobre el papel también me ha ayudado mucho a encontrar los códigos que yo quería utilizar.

«21 GRAMOS»: del pasado compartido al futuro por construir

¿Cómo se articula la exposición?

La exposición se articula en tres partes:

EL ECO DEL PASADO

Este inicio establece la conexión con la historia de Béjar, con lo espiritual y con aquellos hechos que el tiempo ha sepultado. A través de esta introducción, nos asomamos a las vidas pasadas de la ciudad, sentimos el arraigo hacia sus tradiciones y vemos brotar leyendas y recuerdos de viejos días gloriosos de los que ya solo quedan cenizas. Percibimos cómo nuestros ancestros aún habitan el ambiente, y así podemos revisar el valor de todo lo que precede a lo que hoy conocemos, para seguir transmitiendo la herencia que hemos tenido el privilegio de recibir

DULCE NOSTALGIA

Aquí el relato se torna algo más personal pero a la vez conecta con una generación que creció escuchando cuentos sobre una ciudad que ya no existía. La infancia, los recuerdos y los documentos costumbristas confluyen con la poesía que reside dentro de la música para conectar con la nostalgia de días que ya no volverán y de personas que o bien ya no están, o bien han cambiado. La inocencia, la imaginación y la felicidad de aquellos momentos jamás volverá a repetirse, pero con estas obras volverán a cruzarse en la memoria aquellas vivencias que estaban guardadas en el lugar más recóndito como el mayor de los tesoros.

PERDIDA, PRESENTE ABRUMADOR Y FUTURO INCIERTO

Después de vivir el pasado, hemos de volver inevitablemente al presente. Vemos un Béjar actual y marchito, de donde los nuestros e incluso nosotros mismos nos hemos de ir poco a poco, unos al cielo y otros a la ciudad. Se enfrentan la necesidad de marcharse y el impulso de quedarse. Al mirar hacia el futuro, vemos un lienzo en blanco: pues todavía tenemos la oportunidad de darle a nuestra tierra, cultura y patrimonio el lugar que merece para impedir que se apague por completo. Este desenlace no es cerrado, pues queda en nuestras manos y en las de las nuevas generaciones la posibilidad de dotar de vida nuestro hogar para que pueda continuar siéndolo por mucho más tiempo.

Las tres partes incluyen tanto dibujos, como pinturas, acuarelas, fotografías y grabados para construir un relato circular: salir de la tierra para volver a ella.

¿Cómo ha influido esa distancia con Béjar en tu obra? ¿Crees que habrías creado «21 GRAMOS» de la misma manera si hubieras seguido viviendo en Béjar?

Este trabajo nace desde la introspección que te obliga a hacer la vida nómada, entonces creo que si siguiera viviendo en Béjar, mis temáticas girarían alrededor de muchas cosas, excepto de la ciudad, por lo mismo que he mencionado en preguntas anteriores: necesitaba ver las cosas desde lejos para apreciarlas de verdad.

En el caso de que lo hubiera creado, seguramente me centraría muchísimo más en el tema de la nostalgia, los recuerdos y la infancia, pues no recuerdo ningún día de mi vida que no haya pensado en mi niñez, no haya revivido algún recuerdo, revisitado alguna canción o alguna película, o simplemente no me haya puesto a ver fotos. Igual que descargar todo lo que tengo en la cabeza en un lienzo o papel es algo innato en mí, refugiarme en el pasado cuando el presente me sobrepasa, es mi mecanismo de defensa emocional desde que lo empecé a necesitar.

¿Hay alguna obra de «21 GRAMOS» que tenga para ti un significado especialmente importante o que resuma de alguna manera el espíritu de la exposición? ¿Qué historia hay detrás de ella?

Para mí hay muchas obras muy especiales, pero sin duda la que tiene la carga emocional más grande es un grabado titulado Magnolias, también por una canción del álbum LUX. Ese linograbado es una copia de un dibujo a trama que realicé la noche entre el velatorio y el entierro de mi abuelo Cani. Ese dibujo fue mi manera de irme tranquila a la cama después de haberme cruzado media península para poder despedirme de una de las personas a las que más he querido y admirado en la vida, y estoy segura de que era mutuo. Yo quería llevar ese dibujo como una simple ofrenda personal para que se estropease con la primera lluvia entre las flores de fuera del nicho, pero la vida tenía otros planes para mí. Yo lo llevaba en la mano porque no me entraba en el bolso, intenté llevarlo un poco a escondidas, pero mi familia me lo pilló. Al poco rato, la chica responsable del velatorio nos ofreció ponerlo en el cristal junto con las flores, y sin que yo dijera nada, mi abuela asintió. Durante la mañana antes del entierro, ese dibujo fue una ofrenda más, pero aquí no acaba la historia. Esta chica nos propuso que mi abuelo se llevara el dibujo para siempre, y ya puestos, le pedí que se lo pusieran sobre el pecho.

Tu primera exposición individual se presenta precisamente en Béjar. ¿Qué supone para ti que «21 GRAMOS» se muestre por primera vez en la ciudad que está en el origen de buena parte del proyecto?

Creo que si esta exposición no se hiciera Béjar, no tendría sentido. Tampoco quiero que se me malinterprete, obviamente me encantaría poderla llevar a más sitios, pero de lo que trato es de precisamente concienciar a las personas de la localidad de que no está todo perdido, de que nuestra ciudad puede volver a ser un lugar donde encontrar oportunidades siendo joven y de que tenemos el poder de que eso ocurra. El componente del arraigo a la tierra para mí es lo más importante, porque es el nexo de unión de toda la muestra, y yo no hago esto por dinero ni por fama. Para mí el mayor premio es saber que al menos una persona le ha dado una vuelta a esta idea y se ha replanteado algo, me da igual si es llamar a un familiar al que hace mucho tiempo que no ve, investigar en el folklore o plantearse participar en la vida cultural de la ciudad. Yo hago todo esto para que el público tome conciencia de la grandeza de lo que tenemos delante y pueda dedicar el tiempo que pase viendo mi obra a valorarlo.

El deseo de volver y desarrollar su obra en casa

Hay una cuestión que atraviesa todo el proyecto: querer permanecer vinculado a tu tierra y, al mismo tiempo, tener que marcharte para estudiar, trabajar o desarrollar una vocación. ¿Has sentido esa contradicción?

La siento todo el rato, sobre todo desde que planteé este proyecto. Me duele profundamente querer labrarme un futuro en lo que más me gusta y considero que también lo que mejor se me da, que es crear, y saber que mi casa por muy a gusto que esté allí, no es sitio para ser. La falta de servicios, como puede ser el hospital, que cada vez tiene menos atención para los pacientes locales, o la carencia de comercios y, por ende, puestos de trabajo, son determinantes para pensarte dos veces si un proyecto de vida en un lugar así es factible. En el caso de que quisiera quedarme, estoy muy mentalizada de que voy a tener que viajar mucho si quiero seguir por el camino de ser artista, porque para nuestra desgracia como jóvenes, todo está centralizado en las grandes ciudades, por donde al final todos pasamos.

Creo que también, mirándolo con positividad, si somos una generación que realmente quiere quedarse, tarde o temprano, la localidad se quedará en nuestras manos, y nosotros tenemos el poder de hacer de ella el lugar que nosotros deseamos dentro de nuestras posibilidades. Si realmente deseamos que haya un cambio, ha de abordarse de manera colectiva, porque las oportunidades es muy complicado crearlas si es uno el que trabaja solo para sí mismo. Sin embargo, si somos una red de gente luchando de manera organizada por poder quedarnos en nuestra tierra con una calidad de vida, que sí es posible, las cosas serán muchísimo más fáciles y más factibles.

En tu propuesta aparece precisamente esa idea de volver. ¿Qué significa para ti «volver a Béjar»?

Para mí volver significa muchas cosas. La primera siempre son los abrazos. Es lo mejor de volver. Ese ver a mi gente después de tanto tiempo, notar cuánto nos hemos echado de menos nada más vernos, creo que es algo mágico, porque todo ese tiempo de espera merece la pena por la intensidad del saludo cuando nos volvemos a ver.

Para mí volver, también es oler el paisaje, tocar los colores, escuchar lo que la tierra tiene que decirme y ver cómo todo cambia de manera inevitable. Me gusta seguirme sintiendo testigo de cómo la ciudad está en constante transformación, y verla de una manera romántica, tal y como yo la percibo, siento que es un regalo.

Mirando hacia el futuro, ¿te imaginas desarrollando algún día tu carrera artística desde Béjar?

Honestamente mi sueño es, por lo menos, poder vivir parte de mi futuro en Béjar. De momento la cosa está complicada, pero me encantaría poder escaparme con más frecuencia y poder desarrollar allí mi obra. Me gusta bastante más pintar mientras miro la Sierra qué las Setas. Siento que pertenezco a Béjar de una manera tan genuina como primitiva, jamás sabré explicar con palabras lo que a mí me da mi ciudad y como me siento allí.

Me encantaría poder llevar el nombre de mi tierra por bandera allá a donde vaya, y poder tenerla como punto de partida donde volver por muy lejos que vaya. Me encantaría asentarme allí: tener mi propio estudio para trabajar, aunque luego yo me tenga que mover con mi obra a distintas partes de la geografía, pero que el lugar donde se cree la magia sea donde nació. Me encantaría acabar mis días allí, tranquila y en casa, que por muchos lugares que haya recorrido, el lugar donde nací, crecí y me hice a mí misma sea el mismo donde pueda permanecer para siempre.

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