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¡Muera la inteligencia!



Redacción i-bejar.com
Enero 19, 2008

“¡Muera la inteligencia!”-le gritó Millán Astray a don Miguel de Unamuno en nuestra ilustre Universidad. Parece que este grito de guerra, todo un hito en el fascismo, no pasa de moda en la derecha española. Es como si, vez tras vez, tratasen de recordarno

La Voz de Salamanca (Javier García Pedraz) / “¡Muera la inteligencia!”-le gritó Millán Astray a don Miguel de Unamuno en nuestra ilustre Universidad. Parece que este grito de guerra, todo un hito en el fascismo, no pasa de moda en la derecha española. Es como si, vez tras vez, tratasen de recordarnos sus orígenes.

Y la inteligencia volvió a ser decapitada hace unos días cuando Mariano, no el muñeco del ventrílocuo, sino el títere, obedeció a la “lideresa” para cargarse a Gallardón. Mi madre acostumbra a recordarme lo que mi abuelo solía decir: “Hace más daño un tonto que un malo”. Rajoy se empapó de sí mismo para cumplir a la perfección esta premisa.

No es que Gallardón sea de mi agrado, en absoluto. No siento ninguna lástima de verle haciendo pucheros por no poder heredar el partido que fundó su padre. Bastante más lástima me da pensar que, mientras se llenan los pasillos, las oficinas y hasta los sanitarios de los hospitales públicos madrileños de pacientes que mendigan un trato sanitario digno, la Presidenta de la Comunidad de Madrid y el Alcalde de la capital carroñean en vida los despojos del candidato conservador. Craso error para dos populistas experimentados.

Gallardón es un hombre de fondo bastante turbio pero muy inteligente, que sabe de sobra que el papel de víctima le conduce a mejor puerto que el de verdugo. Sus lloriqueos y pataletas han generado una extraña simpatía en una sociedad más acostumbrada al “Show rosa” que a la calidad del debate político. El Alcalde de Madrid es un hombre muy astuto que, sabedor de la absurda sobrestimación que nuestra sociedad le otorga a la morbosa emoción del que se proclama víctima, incluso al que es Víctima por la Gracia de Dios, juega su partida a largo plazo y ha lanzado el órdago al despiste. Tendremos a don Corderito Degollado para bastante más rato que a doña Cruella de Ville.

Gallardón sabía de sobra que “Espe” no iba a permitir que nadie se le adelantara. Lo que me sorprende es que Rajoy no lo supiera, pues aunque nunca insinuó ninguna brillantez, tampoco había demostrado tan aplastantemente la lógica descrita por mi abuelo. Por cierto que, a la vez que preparaban el “Reallity del año”, el bueno de García Escudero presentaba, ingenuo, la campaña “Las ideas claras”, sin saber ni quienes iban a ser los portadores del slogan ni qué ideas, tan claras, iban a defender. Pero permitámosles creerse, al menos, eso de que tenían un “as en la manga”. Y, ciertamente, lo tenían: hoy en día nadie esperaba que viniese desde Springfield el mítico “señor Burns”, el histórico magnate de la industria energética, para dedicarse a la política. Sorprender, sorprende.

Por otro lado, comentarios del tipo:“Si Mariano pierde, estamos en igualdad de condiciones”, o “Alberto da tantos votos como la mona chita” me plantean dos hipótesis y una evidente conclusión:

La primera corresponde a que, como dijo ayer José Bono, en el PP tienen tantas ganas de bronca que, como se han disuelto las Cortes, ahora se pegan entre ellos. La segunda hipótesis y alternativa: que la estrategia electoral del PP vaya dirigida a esa parte de la población dedicada al “chascarrillo” con la que el diario El Mundo y la COPE tienen un compromiso ineludible y se han preocupado activamente de fomentar.

No obstante, el PP puede apuntarse el tanto de haber cultivado ya lo que el poeta romano Juvenal creyó imprescindible para el poder y que vino a llamar “Panem et circenses”, pues ya habrían creado la parte correspondiente al circo.

La evidente conclusión es que, en el PP, ni el segurata de la puerta se cree que Rajoy vaya a ganar algo fuera del bingo. Y, a juzgar por sus malas compañías, parece que ni en él.

No es nuevo para la derecha española matar la inteligencia, incluso cuando está a su servicio, para darle el pan al miedo y el circo a Espe. Un adolescente de 50 años que acaba de llegar a este mundo con los ojos vidriosos por la fea realidad, debería haberse dado cuenta de que la extrema-derecha, en todas sus manifestaciones, siempre interpretó la inteligencia, venga de donde venga, como una amenaza seria e inminente, pues la razón y la corriente libre del pensamiento siempre fue el principal enemigo de la defensa a ultranza de los poderes fácticos que la extrema-derecha siempre usó para justificar su legitimidad en el poder, ya sea con las tradicionales pedradas o con tránsfugas. Moderneces.

Gallardón ha probado su propia medicina. Y es que, quizá lo que el brillante aprendiz no tuvo en cuenta fue que, en la ultraderecha, cuando se está abajo, el jarabe es siempre de palo.

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