"La realidad de una ciudad que se hunde"

Redacción i-bejar.com
Enero 22, 2018 - 18:52

Ciudadanos por Béjar y Comarca denuncia, con cifras, la pérdida de habitantes, tejido empresarial e infraestructuras

La ciudad de Béjar ha perdido 3.441 habitantes en los últimos 21 años, la quinta parte de su población. La media es de 164 habitantes menos por año. Con esta tendencia Béjar tendrá, en poco tiempo, los mismos habitantes que a principios del siglo XX. Llama la atención que, en este periodo de 21 años, tan sólo se revirtió la tendencia a la baja durante los años de mayor inversión en equipamientos turísticos por parte de inversores privados. Con menos habitantes, incluso, cada vez hay más parados (casi el doble de mujeres que hombres y en su mayoría de más de 45 años de edad) siendo la tasa de paro el doble que la del conjunto de España. El porcentaje de población activa en Béjar es del 31% sobre el total y poco más de la quinta parte de los residentes tiene trabajo en nuestra ciudad, con una de las tasas de actividad más bajas del país. La pirámide de población se invirtió en Béjar hace unos treinta años, de seguir la misma tendencia, dentro de poco tiempo, casi las dos terceras partes de sus habitantes, tendrá sesenta o más años de edad. El relevo generacional es altamente deficitario; pero, además, ¿cuántos de los menores de 30 años (actualmente menos del 25% de la población) seguirán residiendo en Béjar cuando tengan la edad de sus padres y abuelos?

Aprovechando el cambio de año, nuestro alcalde se ha “autofelicitado” con un balance plagado de parabienes y autobombo, reseñando un extenso catálogo de presuntos “logros”, como si Béjar se encontrara en el mejor de los mundos. Sin embargo, con todos los indicadores a la baja, nuestra ciudad sobrevive con contrataciones precarias (el 90% de los contratos en mayo de 2017 fueron temporales) y una tasa de paro que dobla la del conjunto de España, mientras se desangra con una continua e imparable pérdida de habitantes.

Hacer balance de gestión sin mencionar siquiera estos problemas, ni plantear posibles estrategias a medio o largo plazo para poder solucionarlos,  es, cuando menos, impresentable. Béjar, como modelo de ciudad, si es que existe tal modelo, lleva fracasando desde hace décadas y así se refleja en los datos, aunque  ya  hay  suficiente  muestra con las viviendas abandonadas y los comercios cerrados. El presente es sombrío y el futuro lo es aún más. Las cabalgatas y los globos no solucionan nada, necesitamos alternativas, puesto que está claro que la receta que se viene aplicando desde hace lustros, no sólo no cura, sino que, seguramente, agrava la enfermedad.

Durante los últimos treinta años, España ha experimentado una transformación impresionante, motivada por la mejor gestión de sus recursos y la ayuda de la Unión Europea. En nuestra ciudad ha sucedido todo lo contrario, no hemos sabido gestionar ni poner en valor nuestros recursos y la ayuda de la Unión Europea ha pasado desapercibida o se ha empleado en acciones infecundas. Alejo Riñones, capitán de la nave durante la mayor parte de estos años, no puede vanagloriarse más que de administrar la ruina, pero lo hace como si fuera  el  salvador  de  la  patria,  en  vez del responsable, por acción o por omisión, de un desastre sin paliativos. Aún así, se vanagloria, año tras año, de ayudas a emprendedores que no funcionan, de una programación cultural monocolor, o de la falta de proyecto coherente y sostenible para “El Bosque”, con el que llevamos veinte años dando vueltas, derrochando caudales públicos y sin saber qué hacer con el Bien Cultural.

Esto es, más o menos, lo que pasa con la ciudad, no se sabe qué hacer con ella. Pero, mientras tanto, se inauguran nuevas fuentes, jardines o estatuas. Se presume de apoyo al comercio y a la hostelería, pero cada vez hay más establecimientos cerrados. Se alardea de promoción turística -sin que exista un verdadero destino con oferta y comercialización organizada- que consiste en asistir a ferias y hacerse una foto.

Béjar cuenta con numerosos “viveros de empresas”, pero, o están cerrados, o prácticamente vacíos, sólo interesa que el Concejal de Obras se gaste las subvenciones y salga la inauguración en los periódicos, da lo mismo que sigan sin crearse empresas. Los hosteleros de Béjar, que, entre otras tasas e impuestos, pagan la ocupación de vía pública a precio de capital, ven cómo las fiestas se han llevado fuera de la ciudad. Leyendo el panfleto de Alejo no se entiende que toda la ciudad está llena con carteles de “se vende”, o que los precios de las viviendas hayan caído hasta un 80% en algunos barrios, o que cada vez haya más solares sin edificar.

Así todo. Se hacen cosas (como diría Rajoy) pero sin saber muy bien por qué y para qué. La prueba está en que los resultados de todas esas cosas que se hacen, son calamitosos. No hay más que atender a los datos de población y empleo. Queda claro que esta fórmula no funciona, como está demostrado, venderlo como “logros” es mérito de artista. Como lo es eludir la transparencia debida a la gestión pública o competir deslealmente con el sector privado, sin que pase nada. Pero hay algo peor todavía y es la falta de horizontes. Con un subsidio por aquí y un contrato de seis meses por allá, algunos van tirando. Pero ¿qué va a pasar con nuestros hijos y nietos? ¿qué futuro les espera en la ciudad que les vio nacer?

Estas son las preguntas que tendría que responder nuestro alcalde para felicitarnos el año nuevo, en vez de empeñarse en ocultar que Béjar está en fase terminal y de nada sirven los cuidados paliativos. Cuando acusa al resto de partidos políticos de actuar de mala fe y de no dar ni golpe, sólo criticar, y proclama que es el Partido Popular quien trabaja para mejorar la ciudad, en vez de hacerse responsable de su mala gestión, intenta ocultar lo evidente al parafrasear a Rajoy: “cuanto peor mejor”, para tachar de derrotistas a quienes le ponen de manifiesto la grave situación que atraviesa Béjar.

Negar o intentar ocultar la realidad, es el mayor obstáculo para solucionar un problema. Tan sólo cuando se reconoce y se acepta la verdad, por más que duela y con todas sus consecuencias, se pueden tomar las decisiones oportunas para corregir lo que haga falta. Mientras esto no se asuma y continuemos divididos y enfrentados (que es también una de las causas de nuestro problema) no podremos ver la luz para salir del túnel. Pero Alejo, lejos de buscar unidad de acción o consenso para unir las fuerzas de todos y poder salir del agujero, contribuye a todo lo contrario cuando acusa a los demás de “negativos” y se proclama a sí mismo y a los suyos como “realistas”. Extraño realismo es este, que disimula o ignora nuestros mayores problemas.

Acabamos de estrenar el año. A la espera de que se publiquen los nuevos datos del descenso en la población, Béjar se enfrenta a su futuro, con un equipo de gobierno presidido por un alcalde que, desde hace años, nos conduce al hundimiento, como proclaman los gráficos que publicamos en este boletín. Según Alejo, quienes así lo apreciamos somos “negativistas” y “derrotistas”, él es el “realista”; por lo tanto considera que no tiene ningún motivo para corregir el rumbo, a pesar de que esa realidad, que se obstina en ignorar, le quite toda la razón.

NO HAY EMPLEO SIN EMPRESAS

Las cifras y datos que ofrecemos, nos demuestran que algo se tiene que estar haciendo mal en Béjar, pues, mientras en España se crean al día casi 2.000 empleos, unos 400 en Madrid, en nuestra ciudad siguen destruyéndose. Algo tendrá que saber Alejo, que presume de empresario del año, con su media de “ciencuenta” (sic) empleos  anuales.

Son los empresarios de verdad los que crean empleo de verdad (con un protagonismo cada vez mayor del autoempleo) pero es necesario que, desde la Administración, en vez de competir con ellos, se creen las necesarias condiciones de confianza y seguridad jurídica que aseguren la idoneidad de su inversión. En Béjar, no se dan estas condiciones (a veces da la impresión de que Alejo así lo quiere, para seguir siendo el que más peonadas reparte), buena prueba de ello son todas las empresas  (dicen que más de diez)   que han abandonado proyectos generadores de empleo por la política chapucera de nuestro alcalde, que se basa en recibir subvenciones para que su concejal haga obras, en un claro ejercicio de clientelismo político.

Alejo todo lo decide y supervisa, haciendo las veces, si llega el caso, de Secretario, Interventor, arquitecto o técnico en urbanismo y siendo quien dicta la norma en última instancia, como así se acredita en los testimonios por él mismo vertidos en los más de 15 pleitos pendientes contra decisiones municipales.

La gestión de Alejo al frente de nuestro Ayuntamiento se define con sus decisiones arbitrarias, la falta de programación a medio y largo plazo, la persecución a empresarios y la invasión de sus ámbitos de actividad; todo lo contrario de lo que debería haber hecho. El resultado: cada vez más paro y menos población.

Los expertos coinciden en que es necesario, entre otras cosas, habilitar un plan de medidas fiscales, sociales y financieras con un perfil específico para nuestra ciudad y comarca, para incentivar y apoyar  a  emprendedores y empresas, lo que no se ha hecho. Para frenar la despoblación no hay otro camino que la creación de empleo y tan sólo el tejido productivo a través de empresarios y empresas puede crearlo de manera efectiva y duradera.

El Ayuntamiento no puede crear los 3.000 empleos que se necesitan en Béjar, por supuesto, no con funcionarios, pero tampoco con contrataciones temporales para pintar y arreglar calles (al estilo del famoso “Plan E” de Zapatero) ni compitiendo deslealmente con la iniciativa privada, al camuflar como “prestación de servicios” actividades de carácter marcadamente mercantil.

OPORTUNIDADES PERDIDAS POR NUESTROS POLÍTICOS

El 25 de febrero de 2014, CxByC hacía pública su reclamación para que Béjar y comarca fueran declaradas como “Zona de Actuación Preferente”, tal y como se recogía en la “Agenda de la Población para Castilla y León”, aprobada hace 8 años Este ambicioso programa de medidas (concretamente 53 medidas) contaba con un presupuesto inicial de 2.994 millones de euros (casi 500.000 millones de pesetas) para el periodo 2010-2015, pero en Béjar ni tuvimos noticias de él, ni supimos si se nos había tenido en cuenta. Mientras tanto, desde 2010 a 2017, Béjar ha perdido 1.564 habitantes. No ha sido el único “tren” que por aquí ha pasado de largo, PP y PSOE se han peleado a lo largo de décadas para repartirse los recursos destinados a comisiones, estudios y memorandos, sin que llegara nada a empresarios o emprendedores. De los ingentes fondos procedentes de la Unión Europea aquí hemos tenido poca noticia.

Con la ciudad al borde del colapso, acaba de anunciarse que Béjar y Benavente serán incluidas, junto a otras localidades que ya  lo están, en un “Plan Territorial de Fomento” con ayudas para la reindustrialización. No se han dado datos de la cuantía económica con que será dotado este plan para nuestra ciudad, pero, en todo caso, queda claro que no se trata de un plan de “reindustrialización” sino de “ayudas para la reindustrialización”; es decir, que no habrá inversiones, sino ayudas a los inversiones de otros. O sea, que, si no hay inversores, no habrá ayudas, una vez más la pescadilla que se muerde la cola. Cuando este plan comience a poder funcionar, será uno más de los que ya existen y Béjar posiblemente tendrá doscientos habitantes menos. Así ha venido ocurriendo durante los últimos treinta años con multitud de otros planes y así seguirá ocurriendo mientras no se aborde la cuestión con medidas concretas y específicas para nuestra ciudad y comarca, acompañadas de una fuerte inversión pública directa, que siente las bases para la inversión privada.

DOCE AÑOS SIN PLAN DE ORDENACIÓN URBANA: PARADIGMA DE LA INEFICACIA MUNICIPAL

Esto fue lo que tardó el Ayuntamiento de Béjar en tramitar la revisión del Plan General de Urbanismo. Desde 2002 a 2014 la actividad del sector inmobiliario en nuestra ciudad sufrió duramente las consecuencias (también todos los ciudadanos que necesitaban obras o reformas en sus viviendas). Además de tiempo, que es lo más valioso, se gastó mucho dinero (casi 600.000 euros). Todo el proceso estuvo plagado de tejemanejes políticos. Como cuando, desde UPS, se realizó una intensa campaña en el barrio de “Los Praos”, advirtiendo a sus vecinos que les iban a tirar las casas. Lideró la campaña el edil tránsfuga del PP, que  votó en contra del Plan el 31 de marzo de 2011, pero que, finalmente lo aprobó, votando a favor en 2014, otra vez en el banquillo del PP. ¿Importaba el interés de los ciudadanos o los intereses partidistas?

NO SOMOS PESIMISTAS. A PESAR DE TODO, HAY RAZONES PARA EL OPTIMISMO, AUNQUE SÓLO LAS VEAN LOS ILUSOS

Ante la realidad del hundimiento de nuestra ciudad, no quedan, desgraciadamente, muchos motivos para alegrase o felicitar el año nuevo. Como está comprobado, llevamos más de treinta años en caída libre y las recetas aplicadas no han servido para mucho. Por eso es absurdo seguir confiando en lo que nunca ha funcionado. No funcionan los viveros de empresas, que albergan más telarañas que emprendedores, ni funcionan los museos, que cierran cuando vienen los visitantes. El comercio que sobrevive, lo hace a duras penas ante la competencia de las grandes superficies, que alejan de la ciudad a los consumidores. Los hosteleros, que sufren la competencia desleal de su ayuntamiento, ven, además, que las fiestas y los grandes eventos se sacan a las afueras. Contemplamos cómo  se emplean todas las subvenciones en una especie de “plan E” a la bejarana, para acciones improductivas u ornamentales, que sólo crean empleo precario (pero que alimentan votantes)  en vez de crear infraestructuras que atraigan a la inversión privada…  Lo que Alejo vende como “logros” son, en su gran mayoría, actuaciones infructuosas que no son eficaces para curar nuestras heridas y que cuestan mucho dinero que podría emplearse mejor.

Nuestro alcalde tiene ahora un “subidón” con el anuncio de que Béjar estará en el Plan de Ayudas a la Reindustrialización y que hay “empresas catalanas” que estudian asentarse aquí. Tanta es su euforia, que ha llegado a decir que “esto tapará las bocas de los que lo ven todo negro”.  Nosotros, sin embargo, opinamos que su visión del presente y futuro de Béjar es cualquier cosa menos “realista”. El color negro, o marrón muy oscuro,  de la situación no lo pintan nuestros ojos, sino el cruel pincel de los datos objetivos. Sin embargo, no somos pesimistas ni derrotistas, porque no nos resignamos ante un destino que se presenta funesto para Béjar. Los pesimistas y derrotistas son los que se rinden y se conforman, o los que miran hacia otro lado. Nosotros somos, por el contario, tan optimistas, que nos manifestamos y esforzamos para que las cosas cambien y nuestra ciudad remonte el vuelo. Cuando, además, veamos que el empleo sube, que los comercios abren, que tenemos nuevos vecinos y que nuestros hijos no tienen que emigrar, estaremos también contentos y todavía más optimistas. Pero, para que eso ocurra, tendrá que terminar la política partidista, personalista  y a corto plazo, la falta de transparencia en la gestión municipal, la ausencia de planificación a futuro y la carencia de proyecto para poner en valor nuestros recursos. Esperar que así suceda, es, seguramente, ser más ilusos que optimistas; pero, aún así, es el único camino que nos queda.