Los transeúntes que pasan por Béjar tienen sus horas contadas. Seguirán pasando por la ciudad, como eje geográfico y puente entre comunidades --Extremadura, Castilla y León y Madrid--, pero su tiempo de tránsito está limitado, supeditado al tiempo que tarda la Policía Local en adquirir los correspondientes billetes de autobús para las localidades cercanas: siempre Piedrahíta, Plasencia o Salamanca.
El destino o la dirección pueden variar dependiendo de la estación del año --en verano el tránsito se incrementa notablemente-- o las temporadas de la recolección agrícola en el sur del país. La policía se encarga de comprarles los billetes, pero con cargo a las mermadas arcas de Cáritas, que viene financiando los dispendios de los sintecho desde hace años.
Casi siempre suelen ser ellos los que se dirigen al Ayuntamiento, pero, no en pocas ocasiones, es la propia policía la que se interesa por los ciudadanos a tenor de su aspecto e indumentaria algo grounge .
Los funcionarios toman sus datos si el aspecto levanta sospechas y piden informes a la Policía Nacional, por si tienen alguna causa pendiente con la justicia. Sólo entonces es cuando los funcionarios les dirigen a la estación de autobuses con destino a alguna de las ciudades mencionadas.
Por su parte, Cáritas no pone ninguna objeción si los ciudadanos en tránsito manifiestan su intención de pasar unos días en la ciudad y les abre las puertas de su comedor, eso sí, previa ducha como condición indispensable para acceder a las instalaciones. La organización les facilita, además, repuestos de ropa si es necesario. Las trabajadoras de la organización les informa sobre la localización de la red de centros de inserción de transeúntes de Cáritas y les remite en muchas ocasiones a Plasencia, donde la organización trata de reinsertar a transeúntes por medio de su participación en talleres o diferentes procesos formativos. Caritas atendió en el 2002 a 188 personas de paso por Béjar e invirtió en billetes de autobús 628 euros (105.000 pesetas).
