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Tres Palabras desde La Alberca

Oscar Rivadeneyra

Malacostumbrados a varas de tela y a hectáreas esquiables como únicas medidas posibles de este escueto mundo, resulta lógica la estupefacción o la indiferencia con que se reciben expresiones del tipo de "intrahistoria", "conservación" o "desarrollo sostenible" cuando algún político osa ponerlas en su discurso.

Los lenguajes gremiales que hemos ido imponiéndonos terminan por acotar nuestra terminología y  dejarnos con sólo cuatro palabras para definir y resolver la vida, y así cuando escuchamos  pronunciar otras expresiones nos parecen propias de extranjería o de idioma remoto, acentuado el escepticismo si tales enseñanzas llegan del mundo rural y no del capitalino. Resulta que el concejal albercano Manuel Sánchez lleva varios años hablando a sus paisanos no de bellotas, mondongos ni Simón Vela, sino de Rejanos, Sorollas y Maruyamas, sustituyendo el olor turronero por el de la linaza y dando cita en La Alberca a sabios que hablan en términos de vanguardias y clasicismos.

Su capacidad gestora y su inquietud por escudriñar los allendes del pueblo y la Peña de Francia han trasformado anualmente en una pinacoteca el escenario albercano, que ya de por sí es suficiente obra maestra hecha con los pinceles precisos del tiempo. Cuando en su septiembre pinturero uno regresa a Béjar desde esas tierras serranas parece volverse a las frases hechas y a las calles desechas, a la conversación restringida y a los términos elementales y especuladores con los que se alberga la pretensión de dar el vuelco a tan irresoluta ciudad.

Entre la amodorrante colección de lugares comunes que los servicios informativos locales van repitiéndonos a diario pocos se detuvieron en el oasis verbal (y los que sí, lo hicieron perplejos) que el nombrado concejal serrano realizó en Béjar citando y explicando a Unamuno en aquello de la "intrahistoria", y al clamor mundial en lo del "desarrollo sostenible" mientras se refería a la necesidad de profundizar seriamente en nuestros distintivos tradicionales.

Conservacionismo frente a conservadurismo, diría yo. Ignoro si sabía, con esas palabras y esas buenas intenciones, estar sembrando en páramo yermo o plantando flores en el desierto de nieve mental y paisajístico en el que vamos, invierno a invierno, trasformándonos. Pero a un albercano, más si parece leído y viajado como el que nos ocupa, conviene tenerlo en cuenta por la ventaja que en la oposición turística nos lleva y que nosotros perdimos el día en que nos empeñamos en dejar de ser nominalmente pueblo.

Si los hurdanos llegaban a Béjar a concluir el ciclo de su mendicidad, y los batuecos y albercanos en acémilas a repartir cerezas claudias, es hora que en este vuelco provincial vengan a explicarnos de qué va lo del turismo de calidad. Que aquí, aun novatos, creemos que es el que viaja en Mercedes y comparte telesilla con Victoria Beckhcam.

El día que nuestros concejales superen su torpe capacidad discursiva y su elemental recurso de ideas, que no sean meros gestores sino ideólogos, empezarán a comprenderse las palabras que de fuera nos llegan. Mientras no sea así los diferentes  planteamientos necesarios para estar a la altura de las circunstancias provinciales y extra-provinciales pasarán de largo como cantos de sirena, mientras La Alberca se trasforma en meca del arte y Ciudad Rodrigo en sede de las Edades del Hombre.