Ni noticia alguna había de lo contrario, que dirán ustedes que por qué negar lo que jamás se ha afirmado ni conocido, no habiendo ni misiva ni salido rumor que exija salir al paso para desmentirse. Pero como entre los defectos que me acompañan está el innato de extrapolar del noticiero regional flecos reconvertibles en locales y esta columna se nutre de ellos, el anunciado concierto del cantante británico en la Plataforma de Gredos o en alguna finca colindante, previsto para el próximo 1 de julio, ha puesto a funcionar mi citada imperfección.
La sorprendente noticia salía a la luz a principios del mes de mayo en un periódico nacional señalando a la Fundación del Patrimonio Natural como promotora del musical evento, dentro de un programa de sensibilización y divulgación de los espacios naturales de la Comunidad.
El no figurar nuestra sierra aun entre ellos de modo oficial (compensado provisionalmente por ese subterfugio llamado Lugar de Interés Comunitario que se supone que somos) comienza a notarse al ser excluidos de promociones tan sonadas como la que Sting llevar a cabo en el contiguo Parque Regional de Gredos.
A Gredos siempre lo miramos con ese aire de autosuficiencia con el que llevamos mirando durante siglos a todo el que nos rodea, sea montaña, vecino, extremeño, salmantino, serrano o madrileño y que nos ha recluido por méritos propios en esta esquina de intrascendencia. El acaparamiento que Gredos ha realizado sobre sus montañas periféricas, incluida la nuestra, concluyó con la partición provincial del siglo XIX y definitivamente con nuestra exclusión de su Parque Regional. Esas ansias cantonalistas que todavía nos caracterizan tienen la culpa del aislamiento al que nos someten desde los mapas hasta la enciclopedia pasando por las administraciones.
Y es que la movida del esquí, tan interesante en su primer proyecto, y tan peligrosa en sus aires de grandeza y ampliación actuales, ha terminado por fragmentar el viejo espinazo metafórico de Castilla (gracias Unamuno) que todavía es el Sistema Central, reservándonos el papel pijo y hortera, y si Dios no pone remedio, también el de todo un basurero Carpetovetónico. Y trasformando a Tornavacas en definitiva mella por donde antes regresaban las vacas en solsticio y ahora, en adaptada trashumancia, lo hace una caravana esquiadora; que otros puertos, en fin, despean perros o arrebatan capas.
El retraso declarativo de este supuesto Espacio Natural de Candelario hace que por aquí no aparezca ningún Sting, no se acerque ni el Tato, que por no venir no vino ni Blanca Fernández Ochoa, solemnemente anunciada. Y Sting no lo hará porque Hoyos del Espino, con décadas de adelanto en cultura montañera y explotación rural, interesa más que Béjar, siendo extremos ambos de una misma montaña que debiéndonos unir nos sigue alejando.
Quizás si la historia y los méritos nos hubieran abalado, este verano escuchara en nuestra Plataforma a Sting sobre una escenografía familiar y con un sonoro recuerdo a The Police porque ante todo soy de los ochenta uno es de la década que le ve lucir rizos o flequillo- y guardo el Every break you take en single de vinilo.
Por más que la solidaridad y el compromiso perjudique al talento de ciertos cantantes (Geldof, Sting, Bono), a su calidad y a su duende, término este último que el muy English man de Sting no lograr traducir por más que cante junto a las cabras de Gredos. Pero a un solidario se le perdona todo, más si cabe si cambia por un día la selva amazónica por el Almanzor y la Galana en espera confiada y musical de que nunca compartan igual maltrato.
Que conformarnos tendremos con el Puerto Rock o confiar que un eco de viento Este nos traiga alguna nota desde Gredos mezcla de jazz y granito.