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De la Realidad de los medios y de la Realidad Real

Oscar Rivadeneyra

Para desasosiego de los espectadores y estupefacción de los críticos, Andy Warhol grabó en una de sus películas underground de los años sesenta la imagen fija durante un día entero, del Empire State Building, sin otro argumento documental que el simple hecho de estar allí y continuar allí. En otro film del artista pop es el primer plano de un hombre dormido durante una larga noche el que "protagoniza" la eterna secuencia.

Debía Andy Warhol querer demostrar que la vida verdadera no era filmable o al menos cuando se hacía no resultaba soportable para el espectador. Probar que el paso imperturbable de la mayoría de las horas era intrascendente y prescindible para la configuración de una historia. Que ninguna obra recreadora: película, novela, teatro, podía pasar por tal sin convertirse o fragmentarse para que percibiéramos solamente los momentos clave, los escasos instantes de pasión o acción que la vida depara.

Los medios de comunicación, tan imitativos de los idiomas cinematográficos y novelescos, eligen a diario secuencias mínimas de la realidad verdadera para convertirlos en crónica, reportaje o emisión directa, pues el mundo rara vez es un espectáculo. Un hecho puntual se 
generaliza en el resto del tiempo del mismo modo que el protagonismo de unos pocos se generaliza en la mayoría o se totaliza, y así queda para la posteridad. La verdadera parcialidad, pues, de los medios de comunicación  no está tanto en la afinidad política que trasluzca cada uno sino en el mostrar al público una sola parcela de la realidad, la parcela noticiable. Resulta que entre el suceso, el accidente, la manifestación o la alteración ciudadana discurre la verdadera vida llena de anodinas repeticiones, de costumbres reiteradas y del paso lento de las horas y los días que nunca abre telediarios ni ocupa cabeceras de prensa, pero que es la verdadera historia. Aquella que los historiadores olvidan cuando trazan el relato consensuado de los hechos del tiempo.

Cuando el futuro lea las crónicas del momento actual la imagen con la que se toparán y que se tomará para calificarnos a todos será la que los medios de comunicación se han encargado en adoptar como oficial, aunque objetivamente sólo supongan momentos dispersos y la protagonice escaso porcentaje de ciudadanos. Así se nos tendrá a todos los españoles como partícipes implicados del enfrentamiento que la prensa traslada, a pesar de 
que la mayoría seamos ajenos a él y se tenderá a pensar que no existe un momento en el día en que nos evadamos de tales cuestiones. Todos los salmantinos seremos vistos  envueltos minuto a minuto y sin reposo en un conflicto de legajos y archivos. Los bejaranos, en fin, proyectaremos la imagen de conflicto político aldeano sin descanso, sin tiempo para nada que no sea abundar en él.

Y de la realidad verdadera nada, del paso reposado y personal del mundo, ignorante del espectáculo oficial de las crónicas, nada; de lo que hubiera filmado Warhol provocadoramente de nuestras vidas, es decir los continuos segundos, minutos y horas que trascurrimos a espaldas de la única realidad oficial trasladada a realidad permanente, nada. De la eterna y trascendental pausa entre la rueda de prensa, el atentado terrorista, el accidente o la conmemoración nada.