Dear Prudece, cantaban los Beatles cuando los discos eran blancos y las canciones tenían nombre de mujer: Michelle, Angie, Lovely Rita.antes de que a John Lennon le diera definitivamente por imaginar y mucho antes de que El Último de la Fila escribiera una carta musical de soldado raso titulada "Querida Milagros" sin confiar en milagro alguno que diera fin a la guerra. A la querida Prudencia, femenina y recatada, se encomendaron los de Liverpool en la India, mientras hacían meditación trascendental, y se encomiendan ahora en España todos los políticos, en el único consenso verbal de los últimos tiempos, llevándola en la cartera en blanco camino del diálogo.
Abril ha sustituido la ineficacia de las viejas palomas de la paz por cernícalos y vencejos mensajeros en esta ilusión prudente y aviar en la que hasta los antiguos cuervos anuncian el cese de las hostilidades. Y aunque Echenique nos avisara de que nunca le esperamos en abril, este mes habrá de ser tiempo de citas y quedadas con redoblares de Semana Santa al fondo; porque entre la máscara carnavalera y la capucha del Nazareno tres voces con careta y boina de abuelo nos han anunciado el principio del fin del terrorismo, es decir el inicio del comienzo de la paz. A la juerga, a la paz o a la gloria se camina con la cara tapada porque en el fondo se las teme, y con ansias de un tiempo nuevo; el venidero, donde habrán de verse más caras y menos máscaras, oírse más nombres y menos pronombres, y escribirse más apellidos y menos anónimos.
Si la querida Prudencia no sólo viaja como nombre de pila sino como tarjeta de actuación, el edificio de las palabras crecerá sobre un cimiento de cadáveres recordados, y la citación entre políticos y pistoleros situará a España como vanguardia e isla de la paz en este mundo despedazado que enfrenta a suicidas contra cañoneros con la piel del mundo como trofeo. El diálogo y la negociación no son nada nuevo bajo el cielo, y mucho menos inmoral, pues pistoleros y hombres de ley vienen haciendo cónclave desde los westers hasta hoy, que más de dos horas de tiros no se aguantan ni en cinemascope ni en la realidad.
Como la paz (que también es nombre de mujer) es inédita e inaudita, una vez conseguida se puede recelar de ella al recordar la perversión con que la Historia la ha citado: "Cien años de paz" o "la paz de los muertos" porque la guerra es una certeza que pasa por el horizonte y la paz el incómodo silencio que propician la victoria o la derrota. La paz es una post-guerra, una guerra sin munición, una guerra fría y azul; la paz acaso pueda ser la paz, o la pax, la romana o la burguesa. Quizá no hay mayor sometimiento que el de las paces, ni mayor rebeldía que el de las guerras, pero una innata querencia hace escoger el primer camino cuando éste, con prudencia, se inicia mientras todos los sables dejan de hacer ruido. Querido Milagro o querida Prudencia.