La feria de Béjar a falta de alicientes ganaderos y lúdicos (escasean tanto los caballos como los caballitos), tiene periferias que el azar histórico ha insertado en mitad de la fiesta y que casi ciento cuarenta años después a nadie interesan. Me refiero al día desapercibido de los Mártires de la Libertad bejaranos, los protagonistas de aquella gesta en plena revolución de "La Gloriosa".
El camino hacia el teso ferial ya no se hace con ganado para subasta y venta sino que se dirige en ausencia de ciudadanos y en presencia, aparentemente forzada, de concejales, hacia el cementerio donde reposan los restos de aquellos héroes. La interpretación literal de lo liberal, y en clave de siglo XXI, es la que equivoca a quienes pretenden ver a aquellas víctimas del desordenado y alterado país que era España en el siglo XIX, como símbolos presentes de este concepto, el de libertad, que como el de paz, seguridad, fraternidad y otros tantos cambian de significado dependiendo de cuando se pronunciaran o de quienes lo hicieran.
El medievalismo de conmemorar batallas nos sitúa a la misma altura que casi todos los pueblos y comunidades de España, que nacieron a la sombra de las ballestas y las balas (bien dijo Majada Neila que Béjar también nació en un campo de batalla). Pero la excusa de instaurar un Premio a la Libertad no debe ser la de un recordado enfrentamiento histórico que en la actual época de mili desaparecida y de armas cabizbajas resulta tan anacrónico como contradictorio.
Concedérselo a un religioso posicionado en la defensa del imposible matrimonio homosexual resulta oportunista en la triste creencia de que legalizar esas uniones tenga algo de moderno, o que sitúe a España a la vanguardia de la libertad, como si el resto de países que no contemplan esa ley (que son casi todos los del mundo) carecieran de libertad en sus sociedades o como si nuestro país, aun novato en democracia, pudiera dar lecciones de ella a Francia, Inglaterra, Italia. Libertad, pues, tiene tantas definiciones como personas enuncian la palabra, la dignifican o la pervierten, y sobre todo como épocas la definan.
Tampoco el romanticismo hoy en día se entiende igual que lo entendieron Bécquer o Espronceda que ya habían escrito versos mientras Béjar ardía.
Aquella batalla de "La Gloriosa" fue ante todo una batalla de aguafiestas, a quién se le ocurre en plena feria levantar al cielo bejarano fuegos (no precisamente artificiales) de guerra y bayoneta, pero es que la libertad siempre se ha defendido a garrotazos y esa es la idea heredada que debemos desterrar del presente levantando monumentos a símbolos de paz (es la auténtica heroína) y no a cañones, por muy artesanos y caseros que estos fueran.