Recordará cualquiera de los lectores locales, y si no lo fuere, todo el que conozca las publicaciones que en los últimos treinta años se ha encargado de publicitar Béjar y su entorno, que la imagen repetida en calendarios, trípticos y posters era la de una perspectiva, sin duda escogida por la admiración, que situaba en primer plano los perfiles un tanto antropomórficos de "Las Agujas" y en segundo término el de "Los Dos Hermanitos" con su inevitable condimento de nieve.
Recordará el lector local que tales perfiles pertenecen al término de Hoya Moros, lugar que continúa amaneciendo igual que en todos los días de su pasado, y "por muchos años" que dirían los mayores. Esta imagen de evocación y vocación alpina, libre todavía de la falsificación del photoshop, era (insisto en el pretérito imperfecto) la tarjeta de presentación a cuyo reclamo fueron llegando a Béjar amantes de la naturaleza seducidos por la atracción que el hombre sigue sintiendo por las montañas de mérito y esfuerzo, después de haber huido de ellas durante siglos.
Aquella perspectiva tenía la capacidad, a pesar de ser reproducida imparablemente por fotógrafos diestros y torpes, de continuar saciando a quien la observara tanto si lo hacía en la impresión de un folleto o en la de la realidad, empujando al primero a conocer en persona el lugar y de no dejar de mirarlo al segundo, pues es rincón aquel en el que ni el ojo más soberbio logra evitar torcer su vista y mirar.
Sin embargo, parece para los profesionales de la imagen empresarial que esa foto, cientos de veces repetida y albergada en la iconografía colectiva de los bejaranos, ha quedado desfasada, que es imagen quemada y sin efectos para la revolución del diseño y de la promoción que se supone que estamos comenzando a vivir.
Y a imagen muerta imagen repuesta. Me topé con la novedad hace unas semanas en una publicación provincial monográfica sobre la pasada Cumbre Iberoamericana. La revista, que publicó TRIBUNA DE SALAMANCA, después de tratar ampliamente aspectos relativos a tal acontecimiento, dejaba espacio y páginas a las localidades claves de la provincia en el ámbito turístico, para que vendieran sus encantos en tan internacional oportunidad. Lo consabido: los pueblos serranos con su sugerente arquitectura rural aderezada con un poco de gastronomía y visiones silvestres y naturales, los castros del oeste, las dehesas salmantinas y el impagable catálogo monumental de la capital.
A vuelta de hoja me encontré con la imagen sustitutiva de aquella ya lejana vista de Hoya Moros, no me reprimiré en la descripción de la nueva fotografía estandarte que Béjar, la futura reina del turismo provincial, exponía casi a toda página: una foto mal contrastada (casi mejor, así no apreciamos con nitidez lo que contiene) del lugar antes llamado La Covatilla con una ladera supuestamente montañosa pero sin perfil alguno que lo identifique, en la que todo el protagonismo se lo llevan tres edificios datados en 2001 frente a los que se destacan dos furgonetas, un "cuatro por cuatro" y, sobre todo, en el centro de la imagen dos grandes máquinas escavadoras junto a un montón de materiales de construcción: ocho cajas de ladrillos, dos tuberías en mitad del desmonte y un primer plano de asfalto con restos de nieve sucia y con rastros de rueda de un automóvil que, mal aparcado, espera que una barrera pintada en rojo y blanco se levante.
Es de suponer que ante tan atractiva imagen cualquier forastero desestime irse a pasar la tarde a un restaurante frente a los bosques de robles de Alberca, o recorrer las callejuelas medievales de Miranda de El Castañar, teniendo la posibilidad de conocer "in situ" lo que contiene la lograda foto que acabamos de describir. La imagen que oferta es tan apasionante que disuade, con sólo mirarla, de perder el tiempo contemplando la fachada universitaria salmantina, la Plaza Mayor churrigueresca y todo el parque natural de Las Batuecas juntos.
La reconversión de las imágenes emblemáticas de Béjar, la extravagante propuesta del momento ante los desfasados paisajes tradicionales (tan cutres que hasta la nieve era natural pudiéndose hacer artificial.perdón fabricada), podría, debería, diría yo, llegar a lo que concierne a la promoción del casco urbano de Béjar. Por ejemplo, y antes de que se pase la oportunidad, fotografiemos el aspecto evocador, que en nada envidia al de La Covatilla, del tramo levantado de la Calle Colón. Seguro que un poster con su reproducción puede ser lo último en la próxima temporada turística.
Me voy a por la cámara.