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El Botellón y los Ecologistas

Oscar Rivadeneyra

El futuro neuronal de los jóvenes asiduos al botellón es, al menos para mí, el asunto menos importante de este debate del que nadie quiere escaparse sin opinar. Nadie, excepto los adolescentes que lo protagonizan, que se limitan a hacer y a vivir sin plantar ni interrogantes ni justificantes a su actitud, sin opinar, cuestionar ni debatir. Pensar es una ñoñería en las horas maravillosas en que la madrugada vacía las botellas y las seseras y colma las vejigas, en que el alcohol cruza sin detenerse el cuerpo de las jóvenes desde unos labios a otros, entrando y saliendo sin tiempo para regar el escaso interior que les va quedando.

No es, decía, el resultado médico de ese riego inepto, el que abordar en estas palabras. Si el alcohol regara las palabras y los talentos saldrían metáforas de absenta, lírica de aloque, pero lo regado en El Regajo no es sino sólo el yermo mental de buena parte de otra generación que tampoco nos va ha ofrecer ninguna novedad creativa ni versión distinta de la rebeldía.

Llueve sobre seco en esa cosecha estéril del ochenta y tantos. No es el resultado cutre y hortera (actitudes difíciles de encasillar hasta que uno no contempla el espectáculo de un botellón) el que molesta de estas concentraciones sin origen ni objeto, basta con no mirarlas o hacerlo con indiferencia.

La perspectiva no tratada en esta cuestión, que uno pensaba que iba a ser diligentemente denunciada por las asociaciones ecologistas de la comunidad, es la de la contaminación a base de todo tipo de desperdicios no biodegradables de los alrededores naturales de la ciudad, omitiendo de momento la contaminación visual, estética o acústica, que al fin y al cabo son pasajeras o intermitentes o, como apuntábamos antes, se solucionan con taparse los sufridos oídos y ojos.

La rapidez de organizaciones tal alertas y "ojo avizores" como Ecologistas en Acción a la hora de señalar y censurar toda agresión contaminante contra el medio ambiente (quizá es que ellos sólo son "medio ecologistas") se torna lentitud o indiferencia cuando de tan edificantes concentraciones se trata. En Salamanca y en Béjar el resultado del botellón (palabra estúpida, por si no se habían dado cuenta) es una agresión semanal a dos entornos naturales valiosos por motivos diferentes: en la capital de la provincia porque es "Salas Bajas" la única zona verde natural, bosque de ribera, de la que se puede disfrutar, y en Béjar porque El Regajo es el comienzo de la inmensa riqueza paisajística y natural de nuestro monte, que ha tenido en su caso la desafortunada suerte de situarse a las mismas puertas del casco urbano y habitado.

Molesta la servidumbre social hacia toda actitud que contenga los ingredientes de juventud, ocio y fin de semana nocturno, que es ni más ni menos que la sumisión de las leyes ante las trampas, la pleitesía de la autoridad ante las indisciplinas menos comprometidas. La sociedad reparte bulos al sector más joven (más vulnerable) porque desea, sin criterio, no 
exceder nunca aquella edad.