Ha tenido que ser una nueva asociación juvenil, dedicada a las actividades del ocio y el tiempo libre, la que redima con su nombre y sus buenos haceres a la palabra "bejarahui". El caprichoso término, que alcanzó fama entre nosotros en los años noventa, funde los gentilicios "bejarano" y "saharaui", como unos y otros reúnen sus destinos (de muy distinta suerte) en los meses de verano.
El inocente epíteto de nuevo cuño, tras su original génesis, desgraciadamente sólo ha sido utilizado en su versión peyorativa: tanto por el resto de ciudadanos de la provincia (habría que auscultar los orígenes de la aversión comarcal hacia su cabecera judicial) al referirse a nosotros, como, lo que es peor, por muchos convecinos nuestros en alusión despreciativa. Que en la capital salmantina pueda llegar a triunfar esta denominación con aspiraciones de ofensa, nada tiene de extraño, habiendo sido ellos desde aquí referidos con el conocido "cagaleche".
Este término vejatorio tendrá que ir discretamente desapareciendo de nuestro vocabulario si no queremos ridículamente autoinsultarnos en la medida en que los bejaranos venimos naciendo por obligación en Salamanca desde hace varias generaciones. Rufino Agero incluyó la palabreja en su diccionario del habla de Béjar, si bien, advirtiendo, muy noblemente, su indebido uso coloquial.
Si el buen escritor viviera aun entre nosotros no habría dudado en colocar el término "bejarahui" en su simpática recopilación; perspicaz y atento como debió ser hacia toda flexión que el lenguaje producía en boca de sus coetáneos. Pero difícilmente admitiría que su uso se ciñera a lo vejatorio (Vejartortio.) cuando los orígenes del término no tendrían que conllevar ninguna carga negativa.
Coloquialmente la palabra "bejarahui" (o "bejaragüi", que la academia tendrá que decidir, si es que algún día se interesa por ella) viene siendo usada para aludir a no sé qué tipo de bejaranos conservadores, inmovilistas, o apegados reaccionariamente a las tradiciones (castizos quizá sea la palabra) por parte de quienes no creen ser así. De boca de muchos este calificativo ha salido con vocación de insulto por quienes entienden que las maneras de ser, los modos de interpretar una ciudad o las particularidades políticas merecen tan torpe desprecio.
Me refiero al racismo tácito que evidencia quien usa perversamente este término (que por sí solo, sin esos dobles sentidos, resulta gracioso e incluso original), es decir quien cree que lo saharahui, lo marroquí, lo africano (algunos hasta lo extremeño) son referencias de inferioridad o de mediocridad. Parece que alguno no ha sido capaz de reprimir su genética xenófoba y cree brillantemente injuriado a su contrario al llamarlo "bejarahui" y, lo que es casi peor, que más de uno habrase sentido agraviado al ser merecedor del singular epíteto. Son los mismos que aún creerán que la expresión "gitana" debe llevar implícita la carga de hurtador o ladrón, o que la carga es de explosivos y la llevan a cuestas todos los musulmanes.
Mientras, por mediación de AMPUSABE, Béjar adopta estivalmente una nutrida carga de ilusiones y futuros posibles en los ojos de los saharahuis, y remienda con ello el desaguisado histórico que España les legó, otra Béjar sigue empleando corruptamente las palabras en sus estúpidas riñas intestinas conduciéndose, y conduciéndonos a todos, a un descrédito provincial y regional del que no van a apiadarse ninguno de nuestros competidores industriales y turísticos.
Lamentable sería que los niños y niñas saharahuis con quienes compartimos piscina, juegos e ilusiones durante el verano, supieran que usamos la denominación de su origen para insultarnos entre nosotros. Lamentable y triste.
Por suerte con los primeros con los que se toparán en este periplo de sueños será con la buena de AMPUSABE y de la Asociación Bejaragüi.