El turismo español se ha sostenido durante demasiado tiempo en el concepto de sol y playa. Sin embargo, pensar en sombrillas alineadas en arenas masificadas, paseos marítimos con chiringuitos que mantienen precios astronómicos y ciudades con miles de visitantes cada día ha dejado de tener tanto atractivo.
Aumenta el número de personas que buscan destinos donde descansar adquiera su verdadero sentido, donde el tiempo aparente ir más despacio y donde el viaje se convierte en una experiencia más personal, íntima y real. Los pueblos históricos, valles de montaña o pequeñas ciudades con identidad propia recuperan el valor que nunca debió perder entre la comunidad viajera y el turismo nacional.
El turismo masivo y sus años de gloria está pasando a mejor vida, los viajeros comienzan a valorar recuperar el verdadero valor del tiempo, la tranquilidad, el paisaje y conectar con lugares que aún mantienen su verdadera esencia. El interior de España aparece como la alternativa perfecta, gracias, en buena medida, a la calidad de sus hoteles, alojamientos rurales y pequeños establecimientos.
Cadenas hoteleras de prestigio han ampliado su presencia en ciudades medianas y destinos menos saturados, como es el caso de Sercotel, un grupo hotelero español que cuenta con hoteles repartidos por numerosas ciudades del país y que también opera en lugares alejados de los grandes focos turísticos, ofreciendo la misma excelencia en calidad en cualquiera de sus puntos.
Un cambio en la forma de viajar
El viaje, la escapada que se persigue, nada tiene que ver con ver el máximo de cosas en el mínimo tiempo posible. Ahora, lo que de verdad se entiende como un viaje completo incluye el paseo tranquilo por un casco histórico, degustar la cocina local en un restaurante familiar o recorrer senderos poco transitados entre bosques y montañas.
Comarcas como la Sierra de Béjar, los valles del norte de León, las montañas de Asturias o los paisajes de la Serranía de Cuenca permiten descubrir otra cara del país, lejos de las multitudes. Son lugares donde el visitante puede caminar, sin estar pendiente del reloj, por calles con siglos de historia, visitar iglesias románicas o simplemente tomar café en la plaza, detenerse a observar el paisaje, sus gentes, la vida real, en definitiva.
Hoy, gracias a la tecnología, es mucho más fácil planificar una escapada rural, encontrar alojamientos en pequeños municipios o descubrir rutas naturales gracias a mapas digitales y recomendaciones online. Incluso el teletrabajo ha abierto la puerta a viajes más largos fuera de las grandes ciudades.
A todo esto, se suma una mayor sensibilidad hacia el turismo sostenible. Cada vez más viajeros buscan destinos donde su presencia tenga un impacto positivo en la economía local y donde el entorno natural se conserve. El turismo de interior encaja bien con esa filosofía, ya que suele favorecer negocios familiares, restaurantes tradicionales y pequeños alojamientos.
