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El correo electrónico sigue siendo clave para proteger nuestra vida digital

Facturas, pedidos, contraseñas, datos bancarios... Todo pasa por el correo. Quizás es hora de tomarse más en serio su seguridad.

Interfaz en línea de la lista de mensajes de la bandeja de entrada del correo electrónico
Bandeja de entrada del correo electrónico / Imagen de rawpixel.com en Magnific

Pocos lo recuerdan, pero hubo un tiempo en que el correo electrónico era sinónimo de novedad. Escribir un mensaje y que llegara al otro lado del mundo en segundos parecía casi magia. Lo usábamos para hablar con amigos, mandar fotos de las vacaciones o simplemente mantenernos en contacto. Luego llegaron WhatsApp, Instagram y las redes sociales, y muchos pensamos que el correo había quedado anticuado.

Nada más lejos de la realidad. Hoy el email es una de las herramientas más importantes de nuestra vida digital. En él se acumulan las facturas, reservas, contratos, justificantes... Todo está ahí almacenado y muchas veces ni nos acordamos.

Tener un correo electrónico ya no es solo cuestión de comodidad. Es, en buena medida, una forma de mantener el control sobre quiénes somos en Internet.

El correo como punto de partida de casi todo

¿Cuántas gestiones que realizas por internet en tu día a día empiezan o terminan en el correo? Una compra, una reserva de un restaurante, el alta en una nueva plataforma, recuperar una contraseña, recibir una notificación,... Casi todo pasa por esa dirección que llevas años usando.

Todo esto, convierte tu email en un objetivo muy atractivo para los hackers. Si uno de ellos consigue entrar en tu cuenta, no solo tendrá accesos a tus mensajes: puede intentar acceder a otros servicios vinculados a ella, cambiar contraseñas, suplantar tu identidad o acceder a sensible. Por eso, perder el control del email puede convertirse en un gran problema. Y sin embargo, muchas personas siguen utilizando contraseñas débiles, repitiendo la misma en varios sitios y no tienen activas medidas de seguridad adicional.

La privacidad es importante, y cada vez más de lo que parece. Esos documentos, recibos, contratos y conversaciones que guardas en tu bandeja de entrada cuentan mucho sobre tu día a día. Elegir un proveedor de correo electronico que cuide de esos datos, que ofrezca medidas de seguridad extras como el cifrado de los datos y que no haga negocio con tu información, es una decisión que merece la pena considerar.

Cosas sencillas que marcan una gran diferencia

Una de las cosas más sencillas de activar es el doble factor de verificación, y es lo mejor que puedes hacer hoy mismo por tu tí y tu cuenta de correo. Su funcionamiento es muy sencillo, además de la contraseña, el sistema te pide una segunda confirmación, ya sea un código en una app, una notificación en el móvil o una llave física. Aunque un hacker descubra tu contraseña, sin ese segundo paso no puede entrar en tu email.

Usar contraseñas largas y distintas en cada web es otro hábito que conviene adquirir. Repetir la misma contraseña en varios sitios web es muy peligroso. Si una plataforma sufre una filtración, esa contraseña puede probarse en otros servicios, incluido el correo.

Y luego está el sentido común ante los mensajes sospechosos. Cada día llegan correos disfrazados de avisos del banco, empresas de mensajería o notificaciones oficiales. Antes de pulsar en cualquier enlace, vale la pena fijarse bien en quién lo envía, cómo está escrito y a dónde lleva realmente ese enlace.

Aprender a moverse con más seguridad por Internet es algo que ya se trabaja desde edades tempranas. En Béjar, por ejemplo, once estudiantes recibieron recientemente el carné de Ciberexpertos, una iniciativa que apuesta por formar a los más jóvenes en el uso responsable de la red.

El correo electrónico lleva décadas con nosotros y no tiene pinta de irse a ningún lado. Al contrario, cada vez es más importante en nuestra vida personal, profesional y administrativa. Precisamente por eso, protegernos antes los hackers ha dejado de ser algo opcional y ha pasado a ser una necesidad.

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Residencia Mamá Margarita, Béjar