Apuntes sobre el Bosque para curiosos y viajeros

El Bosque es una creación del Renacimiento realizada a mediados del siglo XVI para los Zúñiga, duques de Béjar. El lugar elegido era una posesión campestre que esta familia mantenía como coto de caza desde la Edad Media, con la posterior incorporación de terrenos comunales como el Prado Sanjuaniego o Las Bañaduras Altas, un hecho que ocasionó conflictos entre los vecinos de Béjar y la Casa Ducal.
Desde el punto de vista tipológico, El Bosque es una villa suburbana de recreo, un tipo de residencia destinada al ocio que surgió a finales del siglo XV y principios del siglo XVI en la Italia del Humanismo bajo la influencia de las antiguas villas romanas.
Una villa de recreo a la italiana se caracteriza por estar situada en el campo pero cerca de un núcleo urbano; disponer de edificios, jardines geométricos en terrazas (comunicadas por rampas o escaleras, todo ello ordenado según las reglas de la simetría), huertas o terrenos agrícolas y espacios abiertos (prados y bosques), sin olvidar las bellas perspectivas. La configuración original de El Bosque respondía plenamente a este modelo de villa y se ha mantenido hasta nuestros días con pequeñas transformaciones según el gusto de cada época.
Las primeras referencias documentales sobre edificaciones en El Bosque remiten al período 1453-1488, por lo que sería contemporáneo de la villa toscana de Poggio a Caiano, creada por Lorenzo de Médici a partir de 1485. La semejanza con ésta y otras villas mediceas como Castello o La Petraia, y la temprana importación del modelo toscano (quizás relacionada con el parentesco entre los Zúñiga y los Medici a través del virrey de Nápoles, Pedro de Toledo y Zúñiga, y su hija Eleonora) hacen de El Bosque una referencia fundamental del Renacimiento en España, más aún si se tiene en cuenta que el tipo de casa de campo adoptado por la nobleza española sigue las formas musulmanas más que las italianas.
En nuestro país se han conservado pocas villas nobiliarias de influencia italiana. Entre ellas destacan el palacio y huerta del duque de Escalona en Cadalso de los Vidrios (Madrid), el Sotofermoso del duque de Alba en Abadía (Cáceres) y, por supuesto, El Bosque del duque de Béjar, el ejemplo más completo y mejor conservado de todos.

1. El espacio residencial

Nuestro paseo por El Bosque se inicia en la zona residencial, un conjunto de edificios constituido por la Casa del Bosquero -también llamada Casa de los Oficios- el palacete de recreo, la capilla y las caballerizas.
En la Casa del Bosquero (1) vivían los guardeses, encargados del mantenimiento y vigilancia de la propiedad. Se les denominaba "bosqueros" ya en 1577.
El palacete (2) está situado frente al estanque alto, con magníficas vistas del bosque y de la sierra. Presenta una fachada meridional en dos cuerpos que recuerda la de los palacios de Castello y La Petraia. Cada ventana remata en una coronación heráldica labrada con el escudo de los Zúñiga en la parte Superior, el de los Sotomayor a la izquierda y el de iniciales F. G. a la derecha, alusivo a Francisco de Zúniga y Sotomayor, IV duque de Béjar entre 1565 y 1591, y Guiomar de Mendoza y Aragón, su primera esposa, fallecida en 1548. A este mismo matrimonio se refiere la cartela con inscripción latina que se repite en todas las ventanas y cuyo texto traducido sería:

"FRANCISCO, DUQUE DE BÉJAR, SEGUNDO DE ESTE NOMBRE,
Y GUIOMAR, SU ESPOSA, LO ERIGIERON
EN EL AÑO DEL SEÑOR DE 1567"

Detrás del palacete se encuentra la pequeña capilla (3) en la que se veneraba el Cristo de la Expiración, de principios del siglo XVII. Junto a la capilla están las caballerizas (4), una larga nave de una sola planta.
Desde una posición más elevada, el palacete domina la terraza principal, en la que se encuentran los elementos arquitectónicas (edificios, fuentes, escalinatas, bancos y rotondas) alrededor del estanque (5).
Esta gran pieza de agua, de influencia hispanomusulmana pero sobre todo flamenca, tiene una forma irregular en función del trazado y la perspectiva. Lo más llamativo es su isla (6) central en la que destaca el templete de estilo neomorisco instalado hacia 1896 en sustitución del original. El estanque se llena con las aguas del arroyo Garganta del Oso, desviadas en plena sierra desde mediados del siglo XVI.
Siguiendo el paseo Norte junto al palacete, se llega a la Fuente de la Sábana (7), un monumental ingenio de piedra construido a principios del siglo XVIII en el que probablemente se aprovecharon elementos arquitectónicos más antiguos. Su nombre se debe a la delgada lámina de agua que se vertía por la ranura bajo su arco, uno de sus muchos juegos y artificios. Su coronación barroca muestra el escudo de los Zúñiga y Sotomayor.
Desde este punto se disfruta de una bella panorámica del estanque y del monte, con el santuario del Castañar y la Peña de la Cruz al fondo. Junto a la Fuente de la Sábana se encuentra un robusto tejo centenario, posiblemente el árbol más viejo de El Bosque.
La parte alta de esta terraza, interrumpida por una exedra (8) empotrada en el terreno, conduce a la rotonda o plazoleta alta (9). Ambos espacios son circulares y tienen banco corrido alrededor, lo que les identifica como lugares destinados a la conversación, la música, la poesía o el teatro.
La exedra estuvo probablemente cubierta por un entramado de parras o enredaderas. Está situada en el eje principal del conjunto, que se prolonga visualmente hasta el palacio ducal de Béjar, residencia urbana de los Zúñiga que también merece una visita. Una segunda dirección discurre por la rotonda, prolongándose por el pretil Sur del estanque y luego como visual hasta la desaparecida Puerta de la Villa, en la muralla medieval bejarana.
Ambos ejes y otras líneas de trazado, restos de antiguos paseos, confluyen en un punto (actualmente fuera de la finca) en el que existe un pozo o manantial. Estas calles convergentes estuvieron cubiertas con celosías y atravesaban las huertas de arriba hasta la llamada Puerta del Palomar, según consta en la documentación conocida.
Desde la rotonda se desciende al piano inferior del estanque y por su paseo meridional se llega a la Fuente de los Ocho Caños (10), situada enfrente del palacete. La fuente tiene pilar octogonal y una taza con ocho mascarones tallados que muestran diferentes figuras: Putto, simio, león, tritón, fauno, etc. A su alrededor, un recinto rectangular con banco corrido en cuyo fondo se eleva el estrado blasonado (11), un elegante detalle arquitectónico en el que figuran los mismos escudos que realzan las ventanas del palacete.

2. La terraza del Jardín

En el paseo Oeste del estanque está situado el "cubo del desaguadero" (12), con su escalera de caracol para facilitar el vaciado del agua embalsada y, tal vez, para alentar la creencia popular en un supuesto pasadizo hasta la isla.
Muy cerca de este cubo se encuentra la escalinata de piedra que conduce a la terraza del jardín. Su primer tramo da acceso a una estrecha terraza intermedia (13) -antaño ajardinada con dos largos arriates- que comunica lateralmente con la parte interior de la huerta. Más abajo se encuentra el jardín (14), rediseñado hacia 1871 según el gusto romántico. Con aquella reforma se perdió el trazado geométrico o formal en setos de boj tallado, se dispuso un parterre de formas sinuosas y se introdujeron las altas coníferas que perduran. Entre ellas destaca por su gran porte la sequoia de la parte central de la terraza.
Quedan algunos vestigios aislados del jardín renacentista, como la Fuente del Escudo (en el muro meridional), el mascarón de la ría (en el centro), la pila de la Fuente del Cisne (al fondo) y otra fuente circular de tazas. También recuerdan al primitivo jardín los toscos setos de topiaria y las burlas de agua, con sus escondidos surtidores.

3. La Huerta de "El Bosque"

Desde la terraza del jardín se accede a la de la huerta (15), un espacio algo mayor que estuvo dedicado al cultivo de todo género de frutales y cuadros de fresa y frambuesa, lo que confirma su uso tanto utilitario como de placer al modo del "frutetto" italiano o del "potager" francés, del tipo que se ha conseguido recrear en los jardines renacentistas de Villandry.
La terraza de la huerta se comunica con la parte superior de los jardines a través de dos rampas laterales y en ella, como en el jardín, quedan restos de acequias y otros elementos del sistema de riego.
Otras partes de El Bosque estuvieron ocupadas por huertas o por frutales, lo que convertía esta villa de recreo en un verdadero paraíso cantado por poetas como Cristóbal de Mesa (1559- 1633).

4. Bosques y Prados

Como fondo verde y umbrío de este recorrido descendente, El Bosque muestra su bosque (16), su selva de robles y castaños, un fragmento natural que se integra en el montuoso paisaje circundante y da nombre a la propiedad. Es el contrapunto necesario frente al ordenado artificio de la arquitectura "real" de edificios, fuentes y estanques y de la arquitectura vegetal del jardín y de las huertas.
Como elemento de transición entre este bosque y las partes ordenadas, se disponen dos espacios abiertos: Las fresnedas del Prado Alto (17), antiguamente surcado por las calles de celosías, y del Prado Bajo (18), atravesado por una alameda de más de 400 metros que marca el eje principal del conjunto ajardinado.
En el Prado Bajo se conserva una sencilla fuente con merendero de piedra, conocida corno Fuente de la Reina, y el estanque bajo, de menores proporciones que el principal, que servía como reserva de agua para el Tinte del Duque, un establecimiento fabril fundado en 1591 por el mismo duque que erigió El Bosque.

5. La Alameda

A través de la escalinata de la huerta se llega a esta alameda (19) que, en un imperceptible descenso, conduce hasta la entrada original de El Bosque por su parte de Poniente: La Puerta de la Justa. Desde antes de 1577 y durante más de tres siglos, la alameda proseguía fuera de los límites de la finca hasta el puente de la Corredera, en las inmediaciones de la población, para alcanzar las calles que llevan hasta el palacio ducal de la plaza mayor de Béjar, reformado hacia 1569.

6. Las plantas de "El Bosque"

Por su configuración entre lo natural y lo ordenado, muchas plantas representadas en El Bosque son también plantas del bosque autóctono de la comarca bejarana. La parte de monte es una formación mixta de roble rebollo y castaño, con presencia de otras variadas especies. En las partes encharcadas crecen alisos, álamos y sauces. Los fresnos y los chopos de la alameda -que originalmente estaba formada por olmos- dan sombra al verde florido de los prados.
En los paseos alrededor del estanque alto, antaño adornados con arriates, se pueden ver plátanos y castaños de Indias excesivamente podados, cuyas ramas formaban hace años una umbrosa galería. También hubo un bosquete de olmos rodeando la Fuente de los Ocho Caños, hoy sustituido por otros árboles. Junto a la Fuente de la sábana permanece el tejo centenario.
En el jardín destacan varios ejemplares de gran porte, en especial la impresionante sequoia del centro de la terraza, aunque también existieron ejemplares de cedro, picea y pinsapo. Como en cualquier jardín, no pueden faltar los magnolios ni las rosas y todavía se adorna con setos de boj tallado plásticamente, recuerdo del "ars topiaria" del primitivo jardín renacentista que en el siglo XVIII se pensó realzar con los dieciséis tiestos de naranjos encargados por el duque. Por entonces ya contaba El Bosque con el encanto mediterráneo de los emparrados. La huerta baja sólo conserva algunos frutales en sustitución de otros manzanos y perales (incluidos los de "Don Guisando") entre los cuadros de fresa y frambuesa que aquí se cultivaron. En las "huertas de arriba" se plantaron olivos ya en el siglo XVI y existieron calles con celosías cubiertas de plantas trepadoras, además de nogales y morales en la "solana" inmediata.
Como curiosidad, a principios del siglo XVIII el duque de Béjar tuvo la idea de traer botánicos italianos para establecer en El Bosque una "fondería" como la del duque de Florencia para el cuidado de las plantas medicinales, tal vez destinadas a un "giardino segretto" junto al palacete. También se proyectó ornamentar la llamada "calle nueva" con cuatro líneas de "ganzonería" (césped) a la sombra de olmos y castaños injertos con sus ramas entrelazadas, todo flanqueado por diversos cuarteles con "todo género de hortalizas y legumbres".

7. Recuperar "El Bosque"

Desde el 11 de Enero de 1946 y según lo dispuesto par la vigente Ley del Patrimonio Histórico Español, El Bosque está considerado como un Bien de Interés Cultural (B.I.C.) en su categoría de Jardín Histórico, una alta distinción que comparte con los jardines barrocos de La Granja de San Ildefonso (Segovia), el otro Jardín Histórico de Castilla y León. Todos sus valores históricos, artísticos, paisajísticos o botánicos corren grave riesgo de deterioro por el mero paso del tiempo, uno de los peores enemigos de algo tan frágil como un jardín, pero también par la alteración de sus cualidades ante la presión urbanística.
En Marzo de 1992, el Grupo Cultural "San Gil", junto a otras asociaciones, entidades y personas, la defensa integral de esta parte tan importante de nuestro Patrimonio Histórico y promueve iniciativas de todo tipo que permitan trazar el mejor futuro para El Bosque más allá de la acostumbrada desidia y de las urbanizaciones de lujo que en su día fueran planeadas.
Una de esas iniciativas es este folleto, que sólo pretende hacer más comprensible la visita a esta villa del Renacimiento única en España. Para profundizar en el conocimiento sobre El Bosque, recomendamos la lectura de la siguiente

Bibliografía

  • El Bosque de Béjar y las Villas de Recreo en el Renacimiento. Actas de las primeras jornadas de estudio, coordinadas por Urbano Domínguez Garrido y José Muñoz Domínguez. Grupo Cultural "San Gil", Salamanca, 1994.
  • El Bosque y su entorno. Colección "Guías para pasear". Con textos, ilustraciones y rutas de José Muñoz Domínguez y Óscar Rivadeneyra Prieto. Grupo Cultural "San Gil", Salamanca, 1995.
  • El Bosque de Béjar y las Villas de Recreo en el Renacimiento. Actas de las segundas jornadas de estudio, coordinadas por Urbano Domínguez Garrido y José Muñoz Domínguez. Grupo Cultural "San Gil", Salamanca, 1997.
  • El Bosque de Béjar. Portafolio editado por la Junta de Castilla y León con textos de Gonzalo Santonja Gómez y fotografías de Santos Cid. León, 1997.
  • El Bosque, Jardín Artístico. Guía turística con textos de José Muñoz Domínguez y diseño de Antonio Garrido. Grupo Cultural "San Gil", Béjar, 1997.
  • El Bosque de Béjar y las Villas de Recreo en el Renacimiento. Actas de tercer jornadas de estudio, coordinadas por Urbano Domínguez Garrido y José Muñoz Domínguez. Grupo Cultural "San Gil", Salamanca, 2000.
  • El Bosque de Béjar. Propiedad y Usos a lo largo de la Historia. Urbano Domínguez Garrido. Centro de Estudios Bejaranos, Béjar, 2001

  • Apuntes sobre "El Bosque" para curiosos y viajeros
    Edita: Grupo Cultural "San Gil"
    Depósito Legal: SA 843- 1998
    Béjar, 2001