La Peña de Francia. Centinela de la Sierra

No se trata de la montaña más alta de la provincia salmantina, ni siquiera de la más alta de la sierra a la que da nombre. Tampoco acostumbra a mostrársenos con el velo níveo que caracteriza a otras. Pero la Peña de Francia, centinela de la sierra, es sin lugar a dudas la montaña más simbólica en muchos kilómetros a la redonda, y eso tiene mérito estando en una región plagada de relieves, escabrosidades y cumbres de toda variedad.

Su nombre es tan llamativo como su perfil, señoreado y altivo se vea desde donde se vea, y da pie a todo visitante a imaginar legendarias razones para interpretarlo. En aquella época de apariciones, supersticiones y luminarias que fue el siglo XV español, cuenta la tradición que al súbdito francés Simón Roland se le apareció la Virgen recomendándole -"Simón: vela y no duermas"- buscar una imagen suya en la zona. La encontró finalmente en 1434 en lo alto de este risco y pasó a conocerse al protagonista como Simón Vela.

El origen de aquel hombre apellidó a Nuestra Señora como Virgen de la Peña de Francia, topónimo que acabó extendido por toda la serranía que lo circunda. Pero los ancestros históricos del nombre quizá no sean tan legendarios ni tan extraña la presencia de un galo en tierras tan lejanas a su país. Resulta que desde que los musulmanes dejaron de habitar la zona dejando despoblados cientos de kilómetros cuadrados la tarea repobladora ocupó obsesivamente a los monarcas: a la zona oeste de Salamanca llegaron entonces hordas de franceses, antepasados de los actuales pobladores que perpetúan sus apellidos: Cascón, Maillo, Luis, Bernal, Guinaldo, Bullón.

En la actualidad la Peña de Francia es una cumbre de obligada visita -una carretera asfaltada asciende hasta sus 1725 metros de altitud desde el pueblo de La Alberca-. Su cúspide está ocupada por el Santuario formado por un convento dominico, la iglesia y la hospedería. Al construirse se habilitó el mirador llamado de Santo Domingo. La mejor y más poética descripción de lo que desde allí arriba se observa se la debemos al escritor y filósofo Don Miguel de Unamuno:
"Unos días en la cumbre silenciosa, en el Santuario de Nuestra Señora de la Peña de Francia, teniendo a un lado, al norte, la llanada de Salamanca, como un mar de cálidos matices sembrado de islas de verdura, los machones de los encinares y de otro lado, al sur, las abruptas sierras de las Hurdes y detrás, la sábana de Extremadura. Y al pie, los pueblecitos de la Sierra de Francia, agazapados entre castañares, enviando hacia el cielo limpio el humo de sus hogares, viviendo su vida recogida. Y allí arriba, en la soledad de la cumbre, entre los enhiestos y duros peñascos, un silencio divino, un silencio recreador. Silencio sobre todo."

Extenderíamos nosotros la vista del viejo Rector hacia el este: rematada por la cumbre plana y extensa de la Sierra de Béjar y las lejanías más remotas de Gredos; y por el oeste, que es la espalda de este mirador, hacia el Paso de los Lobos, La Hastiala, campos de Monsagro, lejanías de Ciudad Rodrigo e incluso, en un esfuerzo de los días claros, Portugal.

Todo desde esta fabulosa atalaya es panorámica y vista general, cuadro impresionista de una extensa región repleta de particularidades que desde aquí no se distinguen y que nos preocuparemos de conocer en las siguientes visitas.